Sí, se puede: Vitacura enseñó el camino
La ciudadanía comunal manifestó su voluntad en un plebiscito y las autoridades tendrán que acatarla.
La municipalidad de Vitacura –la comuna más pudiente de Chile- anunció una modificación al plan regulador comunal que permitía, en lo sustancial, aumentar la altura en la construcción de edificios en determinados lugares clave del municipio.
Un grupo de vecinos, bajo el lema “Salvemos Vitacura”, se opuso tenazmente por considerar que atentaba contra la calidad de vida y acudió finalmente a la Contraloría General de la República a pedirle un pronunciamiento. El ente público determinó, conforme con la Constitución vigente y la ley orgánica municipal respectiva, que lo que correspondía era la realización de un plebiscito comunal.
Paralelamente, el líder de los opositores, Rodolfo Terrazas, se presentó como candidato a alcalde (2008) y obtuvo un sorpresivo 32 por ciento de los votos, siendo derrotado por el actual jefe edilicio, Raúl Torrealba –varias veces en el cargo-, aunque éste bajó su votación anterior en más de diez puntos.
El domingo 15 pasado, más de 30 mil habitantes acudieron a las urnas, superando el 50 por ciento más uno requerido para que el plebiscito fuera vinculante, es decir, de resultado de cumplimiento obligatorio. El acto, regido por las correspondientes normas electorales, arrojó entre un 70 y un 80 por ciento en favor de la opción “No”.
El convocante dijo luego que “esperaba” dicho desenlace y anunció que acataría la decisión ciudadana. El líder de los convocados, a su vez, le dio un significado de “repudio” a las políticas de urbanismo aplicadas por aquél.
Pero todo no quedará tal cual estaba: autoridades municipales y dirigentes comunitarios pensarán en conjunto la comuna para los próximos diez años.
A nivel nacional
Lo ocurrido en el municipio capitalino ha resonado en otros, particularmente en la casi colindante Ñuñoa, donde la aprobación final del plan regulador -que siguió el conducto superior- fue precedida por una agria y ofensiva discusión entre el alcalde y los vecinos más reacios a las modificaciones.
Y debe haber alegrado, además, a un veterano médico y político residente en Concepción, Edgardo Condeza, quien ha venido no sólo promoviendo el plebiscito -sin éxito todavía- como procedimiento ideal para resolver controversias ciudadanas de nivel nacional (salud, educación y otros servicios básicos), sino también realizando decenas de consultas extraoficiales.
Porque, ¿qué otra cosa puede entenderse de la siguiente norma de nuestra institucionalidad básica vigente (artículo 5° de la Constitución), aplicada inexplicablemente en forma sólo parcial hasta ahora?:
Los ciudadanos de Vitacura han sido los primeros en poner las cosas en su lugar.
Una nueva Constitución vía asamblea constituyente no tiene necesariamente que seguir un camino distinto.
Julio Frank S. Sí, se puede: Vitacura enseñó el camino
La municipalidad de Vitacura –la comuna más pudiente de Chile- anunció una modificación al plan regulador comunal que permitía, en lo sustancial, aumentar la altura en la construcción de edificios en determinados lugares clave del municipio.
Un grupo de vecinos, bajo el lema “Salvemos Vitacura”, se opuso tenazmente por considerar que atentaba contra la calidad de vida y acudió finalmente a la Contraloría General de la República a pedirle un pronunciamiento. El ente público determinó, conforme con la Constitución vigente y la ley orgánica municipal respectiva, que lo que correspondía era la realización de un plebiscito comunal.
Paralelamente, el líder de los opositores, Rodolfo Terrazas, se presentó como candidato a alcalde (2008) y obtuvo un sorpresivo 32 por ciento de los votos, siendo derrotado por el actual jefe edilicio, Raúl Torrealba –varias veces en el cargo-, aunque éste bajó su votación anterior en más de diez puntos.
El domingo 15 pasado, más de 30 mil habitantes acudieron a las urnas, superando el 50 por ciento más uno requerido para que el plebiscito fuera vinculante, es decir, de resultado de cumplimiento obligatorio. El acto, regido por las correspondientes normas electorales, arrojó entre un 70 y un 80 por ciento en favor de la opción “No”.
El convocante dijo luego que “esperaba” dicho desenlace y anunció que acataría la decisión ciudadana. El líder de los convocados, a su vez, le dio un significado de “repudio” a las políticas de urbanismo aplicadas por aquél.
Pero todo no quedará tal cual estaba: autoridades municipales y dirigentes comunitarios pensarán en conjunto la comuna para los próximos diez años.
A nivel nacional
Lo ocurrido en el municipio capitalino ha resonado en otros, particularmente en la casi colindante Ñuñoa, donde la aprobación final del plan regulador -que siguió el conducto superior- fue precedida por una agria y ofensiva discusión entre el alcalde y los vecinos más reacios a las modificaciones.
Y debe haber alegrado, además, a un veterano médico y político residente en Concepción, Edgardo Condeza, quien ha venido no sólo promoviendo el plebiscito -sin éxito todavía- como procedimiento ideal para resolver controversias ciudadanas de nivel nacional (salud, educación y otros servicios básicos), sino también realizando decenas de consultas extraoficiales.
Porque, ¿qué otra cosa puede entenderse de la siguiente norma de nuestra institucionalidad básica vigente (artículo 5° de la Constitución), aplicada inexplicablemente en forma sólo parcial hasta ahora?:
La soberanía reside esencialmente en la Nación. Su ejercicio se realiza por el pueblo a través del plebiscito y de elecciones periódicas y, también, por las autoridades que esta Constitución establece.
Los ciudadanos de Vitacura han sido los primeros en poner las cosas en su lugar.
Una nueva Constitución vía asamblea constituyente no tiene necesariamente que seguir un camino distinto.
Julio Frank S. Sí, se puede: Vitacura enseñó el camino
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