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{ NOTAS AL MARGEN }

5.12.06

Morirá, pero seguirá existiendo

Pinochet no abandonará tan fácilmente a los chilenos: está oculto en la mente de los políticos y enquistado en el corazón del pueblo.

En las elecciones parlamentarias de
1973, las últimas antes del golpe militar, la coalición izquierdista Unidad Popular (UP), entonces en el gobierno, obtuvo el 43,2 por ciento de los votos, doce puntos menos que la alianza opositora de centro y derecha, la Confederación Democrática (CODE). En las elecciones presidenciales de 2005 (primera vuelta), el canditato de la izquierda, Tomás Hirsch, obtuvo apenas el 5,4 por ciento.

Chile es hoy, política y económicamente, un país de centroderecha, uno de los más firmes y exitosos ejecutores de la ideología neoliberal, el nuevo capitalismo y el libre mercado. La izquierda chilena ya casi no existe. Excluido del Parlamento su núcleo original por no poder cumplir con una ley de elecciones binominal –debe ser al menos segunda mayoría-, sólo emite pálidos y poco influyentes destellos a través de las buenas intenciones de la Presidenta Michelle Bachelet, militante socialista, pero de pensamiento y política socialdemócratas.

Pero eso no ha sido fruto de una decisión meramente elitista, de una asociación no protocolizada entre dirigentes políticos pinochetistas, dirigentes políticos de la Concertación y grandes empresarios e inversionistas, nacionales y extranjeros. El pueblo chileno, representado por sus más de siete millones de electores que han concurrido disciplinadamente a definir sus autoridades máximas desde 1989, también ha dado su opinión mayoritaria, decisiva y abiertamente contraria a los disidentes del modelo.

¿No es ése el gran triunfo de Pinochet? Cuando se instaló en el poder prometió precisamente borrar al “marxismo-leninismo” de esta larga y angosta
faja de tierra. Y lo ha conseguido.

A la fecha de este post, el ex dictador, de 91 años y fama internacional, seguía
internado en el Hospital Militar de Santiago víctima de un infarto al miocardio y complicaciones pulmonares. Quizá al país no le haya sorprendido tanto, puesto que cada vez que se ha dictado una orden judicial en contra de su ex gobernante, éste ha tenido coincidentemente recaídas en su salud. Pero el fondo no está ahí, sino en que el final de esa vida no significará para el resto de los chilenos el término de esa existencia.

En algún lugar de la mente

¿Quién en Chile es hoy capaz de declararse fielmente pinochetista, de acudir con lienzos de apoyo al lugar donde él se encuentre y de plantear en foros públicos y masivos lo intachable de su obra? Se ha sabido de algunos familiares, vecinos, generales en retiro y amigos personales. Ante las evidencias de los despiadados crímenes políticos pasados y las actuales acusaciones de enriquecimiento personal ilícito, quienes colaboraron y/o apoyaron su régimen prefieren hoy “separar” todo eso de su visionaria contribución a la recuperación y crecimiento económicos de que goza actualmente el país. Una posición parecida, matices más, matices menos, sustentan incluso quienes fueron sus opositores y luego han ejercido en los gobiernos de la Concertación sin incomodarse. El resto de la antigua oposición, la intransigente, no puede, como está dicho, participar en este juego.

Es decir, la elite dirigente chilena puede rechazar a la persona, pero sigue ocultando en una parte inexpugnable de su racionalidad las bases del ideario pinochetista, ya sean políticas y/o económicas.

Muy dentro del corazón

La política económica de Pinochet, continuada por la Concertación, ha derivado en una aguda desigualdad socioeconómica entre los chilenos, donde la mitad de la población obtiene menos del 20 por ciento del ingreso total y el 10 por ciento más rico, el 40 por ciento (Cepal, 2001). Casi el 50 por ciento de la fuerza laboral, además, está fuertemente endeudado y un tercio difícilmente podrá ponerse al día, mientras la pequeña y mediana empresa que les da empleo es asfixiada por los negocios monopolizantes entre grandes capitales.

¿Y cómo han respondido los afectados, una amplia mayoría dentro de los más de ocho millones de inscritos en los registros electorales (la mitad de la población total)? Ratificando periódicamente el sistema otorgando una sucesiva mayoría presidencial a una Concertación que no lo rehúsa, y la segunda mayoría a los candidatos de una derecha proveniente de la dictadura. A los candidatos “alternativos” –que tampoco han ofrecido una plataforma política que se vea sólida y convincente- los han interpretado en general como una extravagancia.

Es decir, el pueblo chileno también puede rechazar a la persona, pero en su corazón sigue enquistada su principal herencia: el temor a un pasado tan traumático que, a su lado, cualquier presente parece mejor.

Pinochet no morirá tan fácilmente. Su país se ve muy frágil aún para sepultar también la esencia de su legado.

Julio Frank S.

Foto: presidencia.cl

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