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{ NOTAS AL MARGEN }

20.3.06

Tres prevenciones para estudiantes


Cuando la vocación llama, no hay “pero” que valga, aunque siempre es conveniente escuchar (y leer) opiniones algo prosaicas. Sobre todo en periodismo.

Si alguien quiere ser un periodista “veraz, inteligente y sin prejuicios de ninguna clase” y recibir una formación “responsable, científica, política, social y sicológica” -como decía el rector de la Universidad de Chile, Juvenal Hernández, al crear la primera escuela de periodismo del país en 1955-, poco habrá que le pueda detener. Aprobando la malla curricular respectiva podrá abandonar las aulas después de cinco años con el grado de licenciado en Comunicación Social y el título profesional de periodista.

¿Feliz y orgulloso? Quizá sólo satisfecho, dada la precariedad actual del campo laboral. Y prevenido, si ha escuchado o leído aquellas opiniones que ayudan a caminar sobre tierra firme.

Aquí hay algunas prevenciones de autores y académicos, unas antiguas, otras recientes, pero todas útiles hoy a quienes proyectan, se preparan o ya están en la tarea diaria de informar… como sea posible.

1. Desacuerdos porfiados

“Se ha sostenido reiteradamente que el periodismo no es una profesión sino una actividad y que la calidad de periodista la otorga el hecho de trabajar en un medio de información. Esta situación ha traído dos consecuencias. En primer lugar, que los medios contraten personas de baja calidad intelectual y casi nula preparación como periodistas, de modo de abaratar la mano de obra. (…) También ha dado pie para que ingresen al periodismo personas provenientes de otras profesiones, especialmente desde las diversas ciencias sociales. (…) El riesgo con respecto a estas personas no es su nivel intelectual sino el desconocimiento de las condicionantes propias de la información social y la puesta al servicio de otros intereses específicos”.

Silvia Pellegrini, actual Decana de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica de Chile y ex directora de la Escuela de Periodismo.

“Kenneth E. Olson, jubilado como profesor de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Northwester después de dirigirla como Decano durante veintiséis años, subrayaba el 1° de agosto de 1963 la importancia de tal solid liberal education. Lo primero –decía como conclusión de tantas experiencias- es lograr para el futuro periodista una formación humanística profunda. Hacerle conocer las técnicas es después cosa fácil”.

Enciclopedia del Periodismo, Noguer.

“Es importante también, en grado creciente, la formación económica y empresarial de los futuros informadores, lo que pone de relieve la importancia de la disciplina Empresa Informativa. No se debe descuidar la solución de formar informadores para los puestos gerenciales y administradores de la empresa, lo que facilitará el nuevo modo de participación”.

José María Desantes, “El futuro de los profesionales de la información”.

“El presidente de la Asociación para la Educación en Periodismo y Comunicación de Masas de EE.UU. (Ted Glasser) no cree que haya que estudiar periodismo para ser buen periodista. El estudio universitario de esta profesión, dice, tiene muy poco que ver con el entrenamiento de ciertas destrezas de reporteo y escritura. Lo fundamental es la crítica: hacer transparente el proceso informativo y sus implicancias políticas. Las noticias, subraya el director del programa de periodismo de la Universidad de Stanford, son descripciones interesadas, sujetas a la situación histórica y cultural en que se las construye. De ahí la necesidad de un verdadero pluralismo entre quienes se dedican a ello y el peligro que significa la estandarización profesional”.

Isabel Awad, profesora de la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica de Chile.

“(…) el proyecto de ley en discusión en el Congreso habla de ‘funciones privativas’ en lugar de las ‘funciones exclusivas’ que reclamamos en virtud de nuestros cinco años de formación universitaria; términos que no son sinónimos o es discutible que lo sean. Y cuando enumera cuáles son las ‘funciones privativas’ y cuáles no lo son, los periodistas quedamos con nuestro campo laboral francamente restringido. No es nuestro proyecto. Estimamos que el Título I le concede más a los empresarios periodísticos que a los periodistas”.

Lidia Baltra, consejera nacional del Colegio de Periodistas de Chile, antes de la aprobación de la ley de prensa, que excluyó finalmente esos términos pero no redujo el problema.

2. Encrucijada docente

“(…) hay que prescindir del criterio de que las facultades de Periodismo tienen como función preparar redactores de acuerdo con los interesados y utilitarios criterios de los gerentes de las empresas o los redactores jefes de las redacciones. La Universidad tiene como tarea preparar a ciudadanos con capacidad crítica para realizar sus funciones profesionales, capaces de orientarse por sí mismos en su profesión aunque tengan que adquirir en el bufete, en la consulta o en la redacción la experiencia profesional o el hábito artesanal que la Universidad nunca tuvo por qué suministrarles”.

Luis Núñez Ladevéze, “Manual para periodismo: veinte lecciones sobre el contexto, el lenguaje y el texto de la información”.

“Una Escuela de Periodismo debe declarar sus objetivos de la manera más concreta posible. Tal objetivo debe ser claro, cualquiera sea el medio utilizado para reclutar a sus alumnos. Una Escuela de Periodismo no debe pretender formar estudiantes sino en aquellas ramas del periodismo para las cuales tenga: profesores competentes, biblioteca adecuada y equipo apropiado”.

American Council on Education in Journalism, Enciclopedia del Periodismo, Noguer.

“Las escuelas (de periodismo) están hechas para abastecer a un mercado y dentro de esa corrección y coherencia no se renuevan. Forman personas que son eficientes en el sentido que se entiende en los medios: hacer la mayor cantidad de notas informativas en el menor tiempo posible. Para aprender eso no es necesario pasar cinco años en una universidad”.

Julio Villanueva Chang, director de la revista Etiqueta Negra, en El Mercurio.

“Las universidades fallan en su tarea de preparar periodistas en las siguientes áreas: Los profesores de periodismo no entienden las normas. (…) Los profesores no distinguen entre estándares y ética. (…) Los graduados enfrentan un mercado laboral poco promisorio. (…) Las universidades privadas tienen propietarios y mecenas. (…) Las universidades privadas rara vez consideran que la propiedad de medios de comunicación sea un factor que incida en la práctica del periodismo”.

Ken Dermota, “Chile inédito: el periodismo bajo democracia”.

“Actualmente no hay demanda en el mercado para muchas carreras universitarias; así hay, por ejemplo, periodistas cesantes y nadie les da empleo. ¿Cómo pagan la deuda (crédito universitario) contraída? Antes de elegir carrera, ¿quién les entregó información de demanda profesional del mercado? Parece que el negocio de las universidades consiste en crear falsas espectativas mediante desinformación para estudiar carreras que crean cesantes con título, y los bancos para embargar bienes del futuro profesional, como aquellos que sirvieron de aval para que pudiera estudiar. ¿Cuántas universidades se crearon los últimos veinte años? ¿Cuántos cesantes con título hay actualmente en Chile? ¿Qué carreras están sobresaturadas en Chile?”.

Iván Pierret en lasegunda.com

“Dediqué mi tiempo a estudiar la carrera que me hacía feliz y que me entregaba la preparación para poder desarrollarme en el campo que más me gustaba, las comunicaciones. Mi familia invirtió plata en mi educación y todos estaban esperando que se dieran los resultados esperados. Es cierto, algunos de mis compañeros mayores señalaban que el campo era difícil, que quizás no habría mucho trabajo, pero al lado de eso te decían tus profesores: ‘No te preocupes, tú eres bueno en lo que haces, apenas salgas vas a tener pega’. Pues bien, ha pasado el tiempo y hoy tengo 25 años. No he encontrado trabajo y nadie me ha dado ni una posibilidad de demostrar mis aptitudes”.

Fernando Ananía M. en El Mercurio.

3. Vacíos personales

“La mayoría de quienes llegan a Periodismo lo hace porque no sabe qué estudiar y sale con todas las limitaciones. Sus lecturas son limitadas, así como sus conocimientos del mundo, de la historia. (…) Hace mucho tiempo que no brotan personalidades”.

Luis Sánchez Latorre (Filebo) en Hott y Larraín, “Veintidós caracteres, Premios Nacionales de Periodismo”.

“Más allá de sus condiciones naturales, el promedio de los actuales egresados no aparece bien provisto de capacidades investigativas y críticas ni diestros en manejo de fuentes informativas y técnica documental. En ocasiones se echa de menos un aporte valórico y la reflexión ética oportuna, que debería operar casi al modo de un impulso reflejo. Vacíos culturales se advierten, por ejemplo, en la pobre interrogación visible en entrevistas televisivas o radiales, confirmatorias de que el conocimiento es el atributo que hace posible la independencia profesional”.

Cristián Zegers, director del diario La Segunda, en “Chile en el siglo XXI: camino al Bicentenario”.

“Tiene fe en sus alumnos y por eso le preocupa que en Chile el periodismo ‘esté muy chantado’ (sin avanzar). Lo desalienta que, después de cinco años en la universidad, los alumnos ‘anden corriendo detrás de ministros, senadores y diputados. Todos en piño, compartiendo las mismas preguntas. ¿Dónde está la originalidad? ¿Dónde está lo profesional, por último?’”.

Evans, Dressel y Araya, citando al periodista y escritor chileno Guillermo Blanco en Hott y Larraín, “Veintidós caracteres, Premios Nacionales de Periodismo”.

“La mayoría de los graduados llegan con deficiencias flagrantes, tienen graves problemas de gramática y ortografía, y dificultades para una comprensión reflexiva de textos. Algunos se precian de que pueden leer al revés un documento secreto sobre el escritorio de un ministro, de grabar diálogos casuales sin prevenir al interlocutor, o de usar como noticia una conversación convenida de antemano como confidencial. Lo más grave es que estos atentados éticos obedecen a una noción intrépida del oficio, asumida a conciencia y fundada con orgullo en la sacralización de la primicia a cualquier precio y por encima de todo. No los conmueve el fundamento de que la mejor noticia no es siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor. Algunos, conscientes de sus deficiencias, se sienten defraudados por la escuela y no les tiembla la voz para culpar a sus maestros de no haberles inculcado las virtudes que ahora les reclaman, y en especial, la curiosidad por la vida”.

Gabriel García Márquez, “El mejor oficio del mundo”.

Julio Frank S.

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