.comment-link {margin-left:.6em;}

{ NOTAS AL MARGEN }

15.1.06

El “fenómeno” aprobó su primer examen


Michelle Bachelet ha coronado una campaña inédita en la historia electoral chilena reciente, pero, como Presidenta, deberá despejar varias dudas.

Hace tres años y medio, la ministra de Defensa, Michelle Bachelet, recorría una inundada zona de Santiago en un tanque Mowag del Ejército. Su amiga, María Angélica Alvarez, pidió entonces al Centro de Estudios Públicos (CEP) -think tank que evalúa periódicamente a personajes públicos- que la incluyera por primera vez en sus sondeos. La propuesta fue acogida y cuando se divulgó el estudio, la ministra figuraba sorpresivamente como el político mejor evaluado. Comenzó entonces a hablarse del “fenómeno Bachelet” (Claudia Farfán, Qué Pasa, 7-1-2006).

Así
emergió la original candidatura de la que será la primera mujer Presidenta de Chile.

La campaña de Bachelet, mucho más corta y menos pesada que la de sus antecesores de la Concertación, culminó en la mejor forma posible: con un triunfo en la segunda vuelta. Ricardo
Lagos tuvo que esperar pacientemente su turno y superar duras competencias internas para poder llegar al cargo sólo diez años después (2000); Patricio Aylwin (1990-1994) no sólo fue cara visible de la oposición que derrotó a Pinochet, sino también protagonista en la crisis previa al golpe militar (1973). La carrera electoral de Bachelet, en cambio, sólo es analogable a la de Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1994-2000), pues si en ésta el impulso inicial fue el esplendor de un apellido –el de un recordado gobernante democratacristiano-, en aquélla lo fue la supuesta explosión política de un género, el femenino.

Misil devastador

El sondeo del CEP de 2002 no sólo significó el inesperado despegue de una militante socialista sin figuración relevante en las lides político-partidistas, sino también una impensada victoria al interior de su propio partido, al dejar en el camino nada menos que al “panzer” de la Concertación, el avezado ex ministro de Frei y Lagos y actual secretario general de la OEA, José Miguel
Insulza, y también en toda la alianza, al ganar sin elecciones primarias y por retiro a otro presidenciable de peso, la democratacristiana Soledad Alvear.

Pero el efecto más devastador lo sufrió el favoritismo hasta entonces indiscutido, consagrado en las elecciones presidenciales de un par de años atrás, del derechista Joaquín Lavín. Fue un impacto profundo y mortal, que terminó con el herido cediendo parte de su liderazgo a Sebastián Piñera, reuniendo apenas la
mitad de su votación anterior, pidiendo votos para un rival de la primera vuelta y, finalmente, viendo ambos cómo algo que presentían a punto de ser realidad –la derecha ganando el gobierno democráticamente, como hace medio siglo- quedaba una vez más como un sueño.

Pero no todo salió exactamente como Bachelet aseguraba. Invencible en las encuestas y convencida por éstas, trató de aflojar la presión de los partidos concertacionistas sobre ella y realizar una campaña lo más autónoma y “ciudadana” posible, a despecho de su inexperiencia en un terreno en el que debutaba. Su votación en la primera vuelta -varios puntos debajo de la obtenida por la Concertación en las parlamentarias paralelas- le devolvió el cable a tierra. Los partidos -y el gobierno no se quedó atrás- retomaron su protagonismo y, para bien de ellos y quizá no tanto para ella, con éxito.

Guitarra y política

“Diré lo que pienso y haré lo que digo”, aseguró insistentemente a millones de chilenos durante su campaña, con una convicción que no siempre ha logrado transmitir, la ahora Presidenta electa de Chile. Y aunque tendrá muchas oportunidades de demostrarlo, el aforismo Otra cosa es con guitarra está más vigente que nunca.

Partirá con una decisiva ventaja, la mayoría en ambas cámaras del Parlamento -de lo que nunca antes pudo disfrutar la Concertación- pero el cumplimiento de sus promesas puede verse seriamente comprometido mientras su incuestionable jovialidad, buenas intenciones y profesionalismo no sean acompañados por un mínimo del manejo político frente a sus duchos compañeros de conglomerado, sobre todo ahora que éstos estarán seguramente “insoportables” por su nuevo récord: veinte años ininterrumpidos en el gobierno, superando al mismísimo régimen militar.

Hay, además, obstáculos menos prácticos. ¿Qué grado de socialismo, o simple solidaridad, podrá aplicar en un sistema neoliberal e individualista como el vigente? ¿Qué apoyo efectivo podrá otorgar a la mayoritaria pequeña y mediana empresa en un modelo económico hecho para los grandes consorcios? ¿Cuánto podrá reducir la abismante desigualdad social con un Estado empequeñecido y restringido en sus gastos? ¿Será un auténtico líder al frente del gobierno o no podrá zafarse del abrazo concertacionista?

Aylwin era, en 1989, un candidato “natural”; Frei Ruiz-Tagle y Lagos ganaron primarias. Bachelet, en cambio, sólo al final tuvo un oponente de verdad. En los próximos cuatro años, la primera mujer Presidenta de Chile debiera dejar claro, entre otras interrogantes, cuánto de genuino clamor ciudadano y cuánto de brillante estrategia político-comunicacional le llevaron al triunfo en las urnas. El “fenómeno Bachelet” sólo ha aprobado su primer examen.

Julio Frank S.


Foto: michellebachelet.cl

Etiquetas: ,

El “fenómeno” aprobó su primer examen

0 Comments:

Publicar un comentario en la entrada

Links to this post:

Crear un enlace

<< Home