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{ NOTAS AL MARGEN } ©

29.11.05

Promesas de un candidato millonario

* Sebastián Piñera propone mantener la política privatista sobre los medios y dejar el problema de la concentración de éstos sólo a la ley respectiva. Por algo es dueño de un canal de TV.

Cuando entró a la carrera presidencial, hace sólo seis meses, parecía que únicamente la demagogia podría ayudarle a descontar ventaja a sus contendores. Hoy, luego que las últimas encuestas le otorgaran el segundo lugar y se inclinaran por una segunda vuelta, muchos electores lo están tomando más en serio.

Sebastián Piñera, candidato presidencial de Renovación Nacional –el partido mayoritario en la derecha hasta hace poco-, debe estar particularmente interesado en el curso que adopten las comunicaciones en Chile. No sólo aspira a ser Presidente, sino que es el actual propietario de Chilevisión, la cuarta red nacional de televisión abierta, que adquiriera en más de 24 millones de dólares. Una bicoca, considerando que es uno de los empresarios más ricos del país y tiene una fortuna estimada en cincuenta veces esa cifra.

Por eso su programa de gobierno se extiende apreciablemente más en esta materia que el de Michelle Bachelet, la candidata oficialista. Piñera dice querer salvaguardar, entre otros valores, el pluralismo y la libertad de expresión. Puede creérsele, pero es difícil que sea su único interés al respecto.

Concentración de los medios

Uno de los problemas que aquejan al sector en general es la excesiva concentración de la propiedad de los medios informativos, la que favorece a los pocos consorcios que acaparan la mayor parte de la cobertura y los ingresos por publicidad. Si bien el postulante derechista afirma en este segundo “eje” –como lo llama- de su programa, titulado “Devolver la confianza en las instituciones democráticas”, que se debe asegurar el mayor acceso a todas las personas para editar, fundar, establecer, operar y mantener un medio de comunicación, se apresura a proponer que la regulación de la concentración medial debe quedar entregada “exclusivamente” a la legislación antimonopolios, “eliminando todas las restricciones de acceso y transferencia de propiedad”, agrega. Pues bien, aun bajo dicha legislación se han consolidado, por ejemplo, los dos grandes imperios periodísticos chilenos, El Mercurio y Copesa.

El candidato-empresario es, después de todo, liberal. En su mente y su proyecto político están la privatización del diario estatal La Nación y la licitación de las operaciones del Diario Oficial, la principal fuente de ingresos de éste. Respecto de Televisión Nacional, la mayor red televisiva chilena, postula la mantención de su propiedad pública en circunstancias que el sistema de autofinanciamiento aplicado en ella la obliga a seguir directrices propias de la empresa privada.

Libertad de expresión

Piñera se toma también otros resguardos: junto con declarar que “el Estado debe reconocer plena validez al principio de la libertad de expresión, permitiendo la libre circulación de noticias y la existencia de medios de comunicación no sometidos a censura”, precisa que a la vez debe garantizar “la protección de los espacios en los cuales se desenvuelve la vida privada, con disposiciones que aseguren, entre otros derechos esenciales, la inviolabilidad del hogar y de las comunicaciones, sean éstas escritas, orales o visuales”.

Propone, asimismo, mantener la injuria y la calumnia en el ámbito penal aunque cambiando las penas privativas de libertad por multas, como también perfeccionar el sistema de responsabilidad civil por daño causado, estimular el avenimiento de las partes y mantener el recurso de protección preventivo por amenazas a la honra, pero acotado a casos donde no exista interés público en la divulgación de una información.

Regulación de contenidos

Plantea también Piñera fomentar la autorregulación de los contenidos en la propia industria, especialmente respecto de la protección de menores, la dignidad de las personas, la violencia y la pornografía. “Los límites y parámetros en los que se basan los medios de comunicación son aquellos que indica la justicia ordinaria”, puntualiza.

En cuando a la función reguladora del Estado en esta materia, sugiere que el Consejo Nacional de Televisión (CNTV) establezca un sistema de calificación y señalización en pantalla de la programación, que permita al televidente elegir informadamente aquellos contenidos que considere adecuados para sí y sus hijos menores de edad. También propone que el sistema punitivo ponga énfasis en las sanciones pecuniarias a los concesionarios, que sea eliminada la pena de caducidad y que se reste al organismo la facultad de otorgar concesiones.

Propugna, además, la protección del derecho de propiedad intelectual como una forma de estimular la generación de contenidos locales de mayor calidad, así como robustecer la defensa legal del autor de determinados contenidos.

Piñera ha seguido convenciendo acerca de sus principios democráticos y ganando adeptos desde que revelara, hace ya varios años, que había votado por el “No” en el plebiscito que significó la salida de Pinochet (1988). Pero no se sabe hasta dónde podrá avanzar con su proselitismo más allá del electorado de centroderecha, porque lo que nadie le creería es que su fortuna la reunió equilibrando la balanza en favor de los más débiles.


Julio Frank S.

Foto: V.P.U.

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Promesas de un candidato millonario

28.11.05

La ética interpretada por el dinero

* Una periodista que participó en propaganda política fue despedida; otras que ayudan a vender productos son mimadas.

Pamela Jiles conducía un programa político en el nuevo y pequeño canal de televisión abierta santiaguino TVO. Al llegar el período de propaganda electoral gratuita por televisión, participó en el segmento del candidato presidencial antisistema Tomás Hirsch, ante lo cual los ejecutivos de la estación reaccionaron con una drástica exigencia: o se retractaba en público o sería despedida por perjudicar la imagen de independencia del canal garantizada en su contrato. Ocurrió, como se esperaba, esto último.

El hecho es debatible. En un lado está el deber de un periodista de ser ecuánime, pluralista e independiente, a lo que una manifestación abierta de preferencias políticas no ayuda, sobre todo cuando se trata de una figura pública. Y en el otro está el derecho constitucional de todo ciudadano, sin exclusiones, a expresarse libremente por cualquier medio legal; de hecho, Jiles presentó un recurso de protección ante la justicia. Mientras la estación temía que el programa de una de sus conductoras estrella perdiera credibilidad al identificarse ésta con una de las opciones en disputa –la que, peor aún, no coincidía con la propia-, la periodista vio coartada, por el solo hecho de conducir un espacio político, su libertad de expresión.

Las opiniones podrán estar divididas, pero una cosa es evidente: TVO, canal de limitados recursos que ocupa una frecuencia usada sucesivamente por grupos pro-derecha, no era precisamente el mejor empleador para ella, incisiva, desinhibida y simpatizante de la izquierda ya desde el pasado régimen de Pinochet.

Pero esta es sólo una cara de la moneda. En el anverso hay otro caso que involucra aún más la ética y la credibilidad periodísticas, así como el derecho del público a ser informado.

Imagen tasada

Los periodistas chilenos más antiguos eran –éramos- en general reticentes a trabajar en publicidad e incluso relaciones públicas. Desde la época universitaria se repetía, con cierta arrogancia, que hacer periodismo era distinto a pasar avisos, vender productos o informar sobre empresas. El Código de Etica del Colegio de Periodistas refuerza ese predicamento al estipular que “ningún periodista podrá utilizar su investidura profesional para divulgar mensajes comerciales en los espacios o programas periodísticos que conduzca. Cuando deba editar textos o imágenes o conducir emisiones radiales, televisivas u otras con esa impronta, todos ellos deberán llevar claramente definida su naturaleza publicitaria e ir separados del mensaje informativo periodístico” (artículo 21). Y enseguida remata: “Ningún periodista podrá introducir en el medio de comunicación en que trabaja, mensajes que favorezcan a la empresa, persona o institución para la que realiza simultáneamente labores de relacionador público, asesorías o similares” (artículo 22).

Pues bien, la represión militar, primero, y la economía de libre mercado, después, obligaron al gremio a un violento aterrizaje. Muchos, los menos quisquillosos, olvidaron simplemente sus aprensiones ante ofertas tentadoras. Otros, también muchos, se divideron entre porfiados idealistas –los menos-, potenciales cesantes y funcionarios relativamente estables. Entre estos últimos surgió un nuevo prototipo: el (o la) periodista-modelo-actor.

Como indicaba en otro artículo, dos conductoras titulares de noticiarios televisivos de alta sintonía cumplen paralelamente un contrato publicitario con sendos gigantes del comercio retail local (multitiendas Paris y Ripley). No se trata de compromisos puntuales o pasajeros: fueron elegidas cuidadosamente por expertos en marketing debido a sus aptitudes comunicativas en el ejercicio del periodismo y constituyen “rostros” oficiales de esas empresas.

“Los objetivos perseguidos (de un banco perteneciente a una de éstas) nos enfrentaron al serio desafío que implicaba la elección de un ícono que pudiera transmitir fielmente y de manera creíble nuestra idiosincrasia de negocios”, explica una memoria institucional. Agrega que “la credibilidad, transparencia y cercanía que pretendemos construir con nuestros clientes se ve así reflejada en la imagen que Macarena Pizarro ha logrado a lo largo de su carrera profesional”. La periodista Gloria Stanley, asesora comunicacional de la firma, despeja las últimas dudas: “Es uno de los rostros más creíbles. Además, ella llega a un público líder de opinión al cual también se dirige la tienda”.

Lo que no se informa son los honorarios respectivos, pero otro conductor de noticias habría recibido antes que Pizarro una oferta de 80 millones de pesos anuales, poco más de 120 mil euros.

¿Qué es credibilidad?

No siempre se puede mostrar frialdad cuando se habla de tales cifras, sobre todo en el mal pagado ámbito periodístico. Pero Pizarro, conductora de la edición matutina de Chilevisión Noticias, lo consiguió: “Me ofrecieron muchas veces ser rostro de una compañía, pero nunca había aceptado porque eran productos ligados a la belleza o a la moda y eso no me interesa”, afirmó. “Acepté ser el rostro (…) porque es una institución que da confianza, es serio. Además, cuesta negarse. No creo que esto afecte mi imagen o mi credibilidad; al contrario, la potencia. Si me tocara informar algo sobre este tema, tendría que inhabilitarme”.

Soledad Onetto, a su vez, conduce el noticiario Telenoche de Canal 13 y reconoció que cuando le ofrecieron identificar una línea de productos comerciales no se cuestionó el tema. “No creo que afecte mi imagen o me haga perder credibilidad. Esos atributos se crean en un trabajo diario con el público y ser rostro de una campaña publicitaria no va a cambiar esa imagen. Además, lo que yo hago está restringido a una cosa tecnológica y siempre es muy minimalista”, explicó.

Los canales, a todo esto, han aprobado la nueva práctica, que les ayuda a mantener a sus figuras sin un desembolso extra. “Cuando me hicieron la oferta –recuerda Onetto- no sólo se consultó a Christian Fuenzalida y Nicolás Vergara (jefes de prensa en esa época), sino que directamente a Enrique García (entonces director ejecutivo del canal)”. Amaro Gómez-Pablos, conductor del noticiario central “24 horas” de Televisión Nacional de Chile –quien rechazó la millonaria oferta aludida-, reveló al respecto que su contrato le deja en libertad de acción para firmar con casas comerciales. “En CNN y la BBC, donde he trabajado, no son temas de conversación. En TVN, esta posibilidad se deja abierta dependiendo del tipo de contrato”, contó.

Abraham Santibáñez, miembro del Tribunal de Ética del Colegio de Periodistas, explicó que falta conciencia sobre la importancia de este tema, ya que los códigos respectivos en el mundo establecen la separación entre lo comercial y lo periodístico. “Los canales son los que deberían protestar, porque parte de lo que ellos están pagando a un periodista lo está aprovechando otra persona. Y el empleado está haciendo un uso irregular de eso”.

Estrellas renuentes

Entre otros potenciales “rostros” comerciales hay opiniones discrepantes. Para el mismo Gómez-Pablos, el periodista representa el interés público y su gran capital es la independencia, mientras que la publicidad, que representa el interés privado, la socava. “Al vendernos como periodistas vulneramos aún más el derecho a la información”, agrega.

Mauricio Hoffmann, conductor titular de Teletrece, coincide con que el principal valor agregado de un periodista es su credibilidad. “¿Qué pasa cuando hay noticias que ponen en conflicto a la empresa? ¿O cuando se dan a conocer las ganancias de la compañía? Ahí se piensa que el periodista está haciendo propaganda a la empresa que le paga. En ambos casos, el daño es el mismo”, dice. Aseguró también que no está dispuesto a ceder: “No quiero ser obligado a que, por un auspicio, me metan en algo comercial”.

Fernando Paulsen, conductor del programa “Ultima mirada” de Chilevisión, sostiene que cada periodista define su ética y responsabilidad ante el público. “Mientras yo dé noticias, la respuesta es siempre no”, afirmó. “No puedo dar mensajes equívocos a la gente. No puedo decir ‘créeme que lo que te estoy diciendo es cierto’ y, por otra parte, decir ‘créeme que este producto es bueno’”. Recordó incluso lo ocurrido en un espacio de radio Cooperativa, la principal emisora informativa del país: “El programa tenía un segmento de interacción con el público que era auspiciado por Hard Rentacar (sic) y todos los periodistas (…) decían ‘Hard, Hard, es lo mejor’. Pero Hard quebró y el dueño se fugó dejando una embarrada que pasó a ser noticia en todos lados. El noticiero de Cooperativa cambió su auspiciador de un día para otro. El público vio cómo se comprometieron con la marca y, cuando ésta quebró, no dijeron nada”.

Para Mónica Pérez, una de las actuales conductoras de “24 horas”, el gran tesoro como “rostro” de prensa es efectivamente la credibilidad. “Cuando me pidieron no hacer publicidad, lo encontré correcto”, aseguró. Distinto opinó Iván Núñez, quien conduce “El Termómetro” de Chilevisión, para quien “depende, habría que analizar. No creo que un contrato te compre la conciencia”.

Política, no

Una de las razones que TVO esgrimió para despedir a Pamela Jiles fue que abanderizarse públicamente con un sector político transgredía la línea editorial pluralista y tolerante del canal. ¿Acaso publicitar una marca comercial no transgrede la independencia y credibilidad de un periodista en ejercicio y del medio que lo aprueba?

Periodismo y publicidad son, en teoría y esencia, incompatibles, pero en la práctica se está tratando de levantar o al menos confundir las barreras con fines interesados. Las empresas y los publicistas sólo cumplen su tarea; lo preocupante es que los periodistas no puedan ofrecer siquiera una mínima oposición, divididos como están incluso en materias elementales de la profesión.

Lo más decisivo, sin embargo, es otro problema esbozado por Paulsen: el público mantiene una actitud relajada frente a los conflictos de intereses en la comunicación pública y le es difícil percibir cuánto de lo que le dice el “rostro” de las noticias es fruto del periodismo y cuánto de un contrato comercial.

Mientras el grueso del público no haga la diferencia, la ética periodística no podrá salir del aprieto.

Julio Frank S.

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La ética interpretada por el dinero

24.11.05

Mojiganga 3: Política para mirar


La política, en realidad, no es tan mala o aburrida, a pesar de que muchos de sus cultores hagan lo posible en tal sentido. Como otras cosas, depende del cristal con que se mire.

En vísperas de nuevas elecciones en Chile –dobles, además, presidenciales y parlamentarias- es bueno tomar con calma y paciencia el temporal propagandístico de los candidatos y tratar de mirarlo en forma positiva, con otros ojos. Aquí hay algunos ejemplos que pueden ayudar:

1. Lily Pérez, 1963, derecha, Renovación Nacional, diputada y candidata a senadora. Miles de apasionados pretendientes le dan su voto sin condiciones y dispuestos a mucho más; ella lo sabe y lo disfruta. Es la estrella indiscutida del espectáculo político chileno y nadie osaría enrostrarle que no trabaja con seriedad.
2. Ximena Rincón, 1968, centrista, democratacristiana, intendenta de la Región Metropolitana. Muchos periodistas se sienten tentados a preguntarle no sobre la marcha de la zona sino eso de “¿qué hace una mujer como tú en un lugar como éste?”. O de pedirle un autógrafo.
3. Carmen Ibáñez, 1959, RN, diputada y candidata a la reelección. Muchos la recuerdan como la alegre “Regalona” de la década de los 80. Todos esos años no han pasado en vano por ella: la han dejado mejor.
4. Jacqueline van Rysselberghe, 1965, UDI, alcaldesa de Concepción. Una parte de la derecha la ve como la primera mujer Presidenta de la República de ese sector. Le falta para eso, pero no hay apuro; si está como se ve, va bien.
5. Cristina Bitar, 1969, asesora comunicacional sin militancia. Era un diamante en bruto cuando ingresó al comando electoral de Joaquín Lavín (UDI) y aunque los remezones de la campaña no la han favorecido, tampoco le han impedido seguir lanzando destellos.

Hay muchas más, por supuesto, pero es mejor detenerse por ahora. Es terreno minado y no precisamente por razones políticas…

J.F.S.

Fotos:
elperiodista.cl
lanacion.cl
carmenibanez.cl
concepcion.cl
ascinsa.com

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Mojiganga 3: Política para mirar

23.11.05

Despidos: los grandes se contagian

* Importantes medios de EE.UU. y Francia han adquirido también otra epidemia: el despido masivo de periodistas. ¿Y qué dice el público?

El diario estadounidense Los Angeles Times anunció hace algunos días una “reducción de plantilla”. En otras palabras, cerca de 85 periodistas más serán despedidos no tras una evaluación desfavorable de su desempeño, sino a que los medios en que ejercen están obteniendo menores ingresos que los presupuestados debido a que sus avisadores han disminuido la contratación de espacios publicitarios. Una decisión similar informaron anteriormente los ejecutivos de otros dos influyentes periódicos norteamericanos, como The New York Times y The Wall Street Journal. Por si fuera poco, esta semana se sumó el francés Libération, cuyos trabajadores se declararon en huelga como protesta ante la próxima baja de más del diez por ciento del personal.

Dada la envergadura de las empresas involucradas, dichas decisiones no se ven presionadas por un inminente cierre o algo similar, como ha ocurrido con frecuencia en países menos desarrollados, sino por un problema puntual o bien, vaivenes propios de la economía de mercado. Las afectadas se quejan de que el público está prefiriendo otros medios de información, como internet, y desviando hacia éstos una parte importante de los recursos de la publicidad. En América Latina, la situación es más drástica; en Chile, por ejemplo, numerosas publicaciones simplemente han cerrado sus puertas durante la última década;la revista Rocinante, por citar la más reciente.

¿Audiencia o consumidores?

Es un principio irrebatible que, en un sistema de libre mercado como el imperante, una empresa sobrevive y tiene éxito sólo si su producto es útil y rentable. ¿La información no lo es? No voy a referirme aquí al drama personal, laboral y familiar que puede desencadenarse entre quienes son víctimas de un despido así, sino al efecto de una decisión de corte no periodístico sobre un producto precisamente de ese tipo. ¿Se hace esos ajustes u “optimizaciones” pensando también en el público o –para emplear el término más usado hoy- el consumidor? La decisión de liberarse de parte de la carga que implica mantener un equipo periodístico determinado puede, efectivamente, aliviar la crisis financiera de la empresa que la adopta y permitirle, en un plazo variable, retomar el tranco comercial perdido o deteriorado. Eso, sin embargo, quita, aunque fuere de manera temporal, la indispensable prioridad que todo medio de comunicación, más aún del alcance de los mencionados, debe otorgar tanto a su producto como a los destinatarios del mismo.

Para actuar administrativamente de esa forma en este campo y en dichas circunstancias se requiere una concepción sobre lo que es noticia, libertad de expresión y derecho a la información claramente distinta a la que debe poner en práctica el periodismo. En consecuencia, se desprende de estos casos que un esfuerzo intelectual como el periodístico es tratado como un simple producto material, que un servicio cultural y, por lo tanto, permanente es considerado más bien una prestación utilitaria, mercantil y en algún momento desechable, lo que refleja el escaso interés –o abundante temor- de los protagonistas de esta economía globalizada por ver desarrollarse al periodismo con todo su potencial.

Temor al razonamiento

El servicio periodístico propiamente tal es poco dócil a la política neoliberal de libre mercado. Su principio fundamental, informar con el objetivo general de educar, no coincide con el de ésta, informar con el fin de adiestrar sobre aspectos específicos. Uno propugna la información para el razonamiento libre; la otra, la información para la conducta de consumir. El periodismo, ejercido como debe ser ejercido, atenta así contra dogmas capitales de la ideología predominante, por lo que siempre debiera esperarse de él que más temprano que tarde transgreda alguna de esas reglas. Es explicable entonces que no figure precisamente entre los favoritos del sistema y no goce de libertad plena como otras especialidades parientes -relaciones públicas, publicidad-, sino de una estricta libertad condicional.

¿Y el público? ¿Qué papel juega en todo esto? El principal, sin duda, pero curiosamente no muy incisivo: si bien es el gran y final destinatario de todo el esfuerzo productivo que realiza la libre empresa, su participación suele consistir sólo en actuar y comentarlo; cuando insinúa un razonamiento más profundo o una opinión original también es mirado con recelo. De este modo, cuando se producen problemas internos en los medios, como el conflicto laboral descrito, pareciera mantener distancia de la epidemia. Debiera, en vez de eso, no tanto como solidarizar incondicionalmente con los despedidos, sino preocuparse de si su inalienable derecho a la información está o no siendo afectado.

Julio Frank S.

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Despidos: los grandes se contagian

21.11.05

O Presidente o nada/Become President or nothing at all

* Lo que un candidato de minoría pueda obtener en las urnas constituye un mero simbolismo para el poco democrático sistema electoral chileno.

Hace algunas semanas, el Presidente Ricardo Lagos promulgó una nueva reforma a la Constitución de 1980 y no pudo ocultar su emoción: había penetrado en la caja fuerte que guardaba las disposiciones intocables de Pinochet, aquellas destinadas a mantener incólume la estructura de su modelo político después de su alejamiento del poder. La inhabilidad del mandatario para remover a los comandantes en jefe de las fuerzas armadas era una de ellas.

En círculos oficiales y políticos se calificó el acontecimiento como el fin de una larga y dura transición hacia la democracia, obstruida tanto por los procesos judiciales contra militares por violaciones a los derechos humanos como por las llamadas “leyes de amarre” recibidas como herencia de la pasada dictadura. Esa interpretación fue difundida ampliamente por los medios de comunicación chilenos –los principales, mayoritariamente de derecha, y muchos otros sin mayor enfoque editorialista-, por lo que en el ambiente flotó por un momento una sensación de trascendencia, que muy pronto, sin embargo, volvió a dar paso a la rutina doméstica diaria.

La noticia, en todo caso, significa un avance en los esfuerzos por hacer de la Constitución diseñada por los asesores de Pinochet una norma cien por ciento democrática. Pero sigue faltando “algo” para el término definitivo de la porfiada transición: el sistema electoral. En efecto, una modalidad binominal, en la que sólo las dos o tres más altas mayorías tienen acceso al Parlamento y el resto debe elegir entre aliarse con un “grande” o quedarse fuera, ha negado la participación en la discusión legislativa a los sectores minoritarios del país. Esto significa, en la práctica, que un importante segmento de la población ha sido privado de ese derecho durante más de treinta años, democracia incluida.

Cosas del sistema

El modelo electoral binominal chileno proclama (artículo 109º bis) como senador o diputado electo al candidato que obtenga la primera o segunda mayoría simple en su circunscripción o distrito. Sin embargo, si la lista que obtiene más votos duplica a la que le sigue, sus dos integrantes resultan electos en desmedro de esta última. Los principales defensores de estas reglas, como es de suponer, son los partidos a los que les basta ser segundos en cada zona electoral para obtener parlamentarios, siempre que no los dupliquen en votación; es el caso de la derecha. Los principales detractores, a su vez, son los partidos que no pueden alcanzar la segunda mayoría -salvo algunos que han logrado bancas no mediante votos sino por alianza con uno mayoritario, como los radicales-, los que simplemente han quedado al margen, como los opositores al modelo neoliberal imperante. A todo esto, la oficialista Concertación, que no ha conseguido derogar un sistema que aceptó a regañadientes, ha gozado con aparente pudor de los no pocos casos en que ha duplicado a sus rivales.

Con esta original forma de generación parlamentaria en democracia es fácil imaginar la orientación y representatividad de la legislación aprobada en Chile durante los últimos quince años. La misma coalición de corte socialdemócrata ha gobernado todo ese período con una mayoría fluctuante sobre una alianza neoliberal que, en las condiciones descritas, no ha necesitado oponerse mucho, mientras los verdaderos opositores -la izquierda liderada por los comunistas- no pueden intervenir con su cinco por ciento o más de votación promedio.

Este es el “ambiente preelectoral” que reina en el país, una vez más, a unas pocas semanas de los comicios presidenciales y parlamentarios. La candidata presidencial Bachelet representa a la Concertación socialdemócrata; Lavín y Piñera, a la derecha neoliberal, y Tomás Hirsch, a los sectores excluidos. Sobre estos tres grupos se conforman, a su vez, los principales pactos parlamentarios. Para Bachelet, las expectativas son, en este momento, lograr la mayoría absoluta o ir a una segunda vuelta, además de obtener mayoría en el Congreso; para Lavín y Piñera, una segunda vuelta y la segunda mayoría parlamentaria. A Hirsch, en cambio, ni siquiera le sirve superar lo que indican las encuestas; para él, simplemente es todo –ganar la elección y ser Presidente- o nada. Cosas del sistema.

Julio Frank S.

Become President or nothing at all

* What a minority’s candidate can obtain by ballots is a mere simbolism for anti-democracy Chilean electoral system.

A few weeks ago, President Ricardo Lagos promulgated a new amendment of 1980’s Chilean Constitution and he could not hide his emotion – he had achieved penetrating into the strongbox that kept the untouchable Pinochet’s rules, made for protecting the mainframe of his political model after his retirement from power. Incompetence of President to remove armed forces’ commanders-in-chief was one of them.

In political and official circles they qualified that event as the end of a long, hard transition toward democracy, blocked so much by judicial processes against armed forces members about violations to human rights as by so-called “laws to hitch” received as an inheritance from former dictatorship. That interpretation was spread by Chilean mass media –rightist, the main of them, and many other without some kind of editorialist focus- for which in the air floated for a moment a sensation of significance that very quickly, nevertheless, returned to daily, domestic routine.

That News, in any case, constitutes an advance in efforts for make Constitution designed by Pinochet’s advisors a totally democratic one. But it continues, however, lacking “something” for being a real end of the obstinate political transition - the electoral system. In fact, a binominal modality, in which only the two or three highest majorities have access to Parliament and the remainder should choose between being allied with a “big” party or get out of it, has denied participation in discussion about laws to all minorities of the country. This implies, in practice, that an important segment of citizenship has been deprived of that right along more than thirty years, democracy included.

Matter of the system

Chilean electoral binominal model proclaims (paragraph 109º bis) as senator or representative to any candidate who obtain the first or second simple majority in his district. If, however, the alliance which obtain more votes than the rest duplicates the following one, its two members turn out to be chosen in impairment of the last. Main defenders of these rules are, as it’s easy to suppose, parties that suffices to be second in each electoral zone in order to get a parliamentary representation, provided that they don’t be duplicated in voting by first majority – it is the rightists’ case. Main critics come, on the other hand, from parties which cannot reach the second majority, except for some of which arrive to Congress not by means of votes but by an alliance within a “big” one, like radicals. The rest has simply to remain out of it, like parties which oppose to prevailing neoliberal system. At the same time, pro-government Concertación, which has not managed to abrogate a model accepted only grudgingly, has enjoyed within apparent modesty the not-a-few cases in which it has duplicated over its opponents.

Being that original manner of parliamentary generation, it is not difficult to imagine the kind of leaning and representativeness of legislation approved in Chile during the last fifteen years. The same socialdemocrat coalition has governed all period long maintaining a swinging majority over a neoliberal coalition that, in that circumstances, has not needed to be opposed a lot because of true opponents, leftists led by communists, cannot participate despite the fact that they grasp an average five percent in voting or more.

That is the “pre-electorate environment” that reigns once again in this country just a few weeks near legislative and presidential assemblies. Candidate Bachelet represents the socialdemocrat Concertación - Lavín and Piñera, the neoliberal right, and Tomás Hirsch, the excluded segments. On these three groups they conform the main parliamentary pacts as well. For Bachelet, expectations are at this time to achieve an absolute majority or to go to a second round, besides obtaining majority in Congress - for Lavín and Piñera, a second round and the second parliamentary majority would be good. For Hirsch, however, it is not useful even to surpass what polls say - for him, the main goal must be winning the election and becoming President or simply getting nothing at all. A matter of the system.


Julio Frank S.

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O Presidente o nada/Become President or nothing at all

20.11.05

14 gigantes personales/14 personal giants

El talento de unos pocos alivia las limitaciones de muchos. En este nuevo aniversario personal, me permitiré citar a catorce personajes que han ejercido una poderosa atracción sobre mí, aunque no, lamentablemente, toda la influencia que yo hubiera deseado. Pese a que su magnitud, lucidez y altruismo parecieran en la mayoría de estos casos inalcanzables para el resto, en realidad están a la vez tan cerca que los necesitamos incluso como parte de nuestro sustento diario.

Helos aquí:

1. Jesús de Nazaret.
El más misterioso de todos y eso le ayuda a ser, para mí, el más grande. No me refiero a su interpretación religiosa, sobre la cual puede haber discrepancias, sino al hecho de haber cargado voluntariamente los errores ajenos con la intención de corregirlos, quizá la máxima expresión humana.

2. Albert Einstein.
No voy a farsantear que conozco la Teoría de la Relatividad; siempre he visto la física y las matemáticas sólo en vitrina. Pero no es difícil intuir, con un poco de esfuerzo intelectual, lo que significa poder recorrer el espacio infinito sin moverse del escritorio.

3. Charles Chaplin.
Viéndolo, uno no sabe si reír o llorar, si celebrar su victoria sobre el mundo o lamentar sus penurias. Una mezcla inexplicable y maravillosa de emociones que, en el fondo, representa un sentimiento de génesis también confuso.

4. W.A. Mozart.
El calificativo de “inmortal” debiera ser restringido para evitar su uso indiscriminado y exagerado. No es éste el caso, pues resulta imprescindible: su música tiene vida propia, nunca suena exactamente igual, podría llenar sin agotarse cada rincón del universo y no acabar jamás.

5. Walt Disney.
Cada ser humano que vio cuando niño las imágenes de una de sus películas debería recordarlas o haberlas recordado durante el resto de su vida. Un poco de esa envolvente fantasía ayuda a prevenir el belicismo, la apatía y el pesimismo.

6. Lennon-McCartney.
Esta dupla fue tan talentosa, que no sólo permitió a Los Beatles convertirse en el conjunto más famoso en la historia de la música popular, sino que su disolución les puso posteriormente en un sitial menor como solistas.

8. Roberto Gómez Bolaños.
Citaré como ejemplo la serie de televisión “El Chavo”. Todos sus personajes están bien definidos; todos tienen sus peculiaridades físicas, anímicas, verbales y conductuales; tanto así, que cualquiera podría ser el protagonista principal y, de hecho, poco se lamenta la temporal ausencia de alguno de ellos.

9. Marilyn Monroe.
Mujeres hermosas, encantadoras y provocativas ha habido muchas. Vampiresas, cándidas y pudorosas; dominantes, tímidas y antipáticas;
agresivas, cálidas y depresivas; naturales, morenas-rubias y lisas-crespas; famosas, conocidas y anónimas. Pero como ella…

10. Pelé.
Algunos cracks del fútbol tienen una cualidad en particular, entre muchas que poseen: parecieran “volar” a ras de piso cuando conducen la pelota. También saben chutear, saltar, cabecear, atajar, etc., etc., etc. Y tienen merecidamente un rey.

11. Raquel Correa.
Ahora aterrizo en mi país. Y en mi profesión. Destaco a una periodista chilena que sabe hacer entrevistas, esto es, en mi entender, permitir a los entrevistados decir lo que es de interés público y que tratan de ocultar, e impedir que digan lo de interés privado que intentan pregonar.

12. Julio Martínez.
Hace ya muchos años, Jota Eme aparecía solo en un programa de televisión, de medio cuerpo, sentado detrás de un mesón durante veinte largos minutos y sin más recursos que la voz y los gestos. Sus comentarios hacían el resto. Hoy, para conseguir ese resto, ¡cuánto más se necesita…!

13. Juan-Silvia (mis padres).
Juan Frank trabajó duramente para hacer posible que yo estudiara la carrera profesional que más me gustaba. Silvia Salgado se ha sacrificado aún más para permitir que yo simplemente viva.

Respecto de personajes actuales, prefiero esperar…

Julio Frank Salgado

14 personal giants

Genius of a few relieves limitations of many more. As a personal anniversary’s celebration, I will hereby mention fourteen people who exercise a powerful attraction over me although they haven’t influenced me as I would desire it. Their magnitude, brightness and altruism seem in most of these cases unattainable for us, but they are really so near that we need them as our daily food.

1. Jesus of Nazareth.
The most mysterious of all and this lead him to be the greatest for me. I don’t mean a religious way, on which may be discrepancies, but to the fact that he charged willingly on his shoulders the other’s faults in order to correct them - a maximum human expression.

2. Albert Einstein.
I don’t going to lie stating that I know Relativity’s Theory – I’ve always seen Physics and Math behind a showcase. But it isn’t difficult to sense, making a little intellectual effort, what it signifies travelling through infinite space without needing to move from the desk.

3. Charles Chaplin.
Watching him, one doesn’t know whether to laugh or cry, to celebrate his victory over the world or regret his pains. A marvelous and inscrutable mixture of emotions that really represents a feeling within a confused cause too.

4. W.A. Mozart.
The word “immortal” should be restricted in order to avoid its exaggerated, indiscriminate use. Nevertheless, it is not this case, because that’s quite useful - his music has own life, it never sounds exactly the same, it would be able to fill each corner of Universe without exhaustion and have no ending.

5. Walt Disney.
Each human being who saw a picture from one of that movies along his childhood should recall or having recalled it during the rest of his life. A little bit of that magical fantasy helps to prevent hostility, apathy and pessimism.


6. Lennon-McCartney.
This musical couple had so much talent that not only permitted The Beatles became the most famous group in whole pop music’s history, but its separation put them lately on a lower place as soloists.

8. Roberto Gómez Bolaños.
I will mention specifically a TV series called “El Chavo” (The Child). All its characters are well depicted; all of them have its particular, physical, psychological, speaking and behavior features - thus any of them could be the star and, in fact, nobody regrets so much a temporary absence of some of them.

9. Marilyn Monroe.
It has always been many appealing, charming, beautiful women. Vamps, candid, modest. Dominant, shy, unpleasant. Aggressive, warm, depressive. Natural, dark-blond, long-curl-haired. Famous, well-kown, anonymous. But like her…

10. Pelé.
Some soccer’s stars have a private quality among the many they possess – they seem “to fly” on the floor while they get the ball. They are also good for shooting, jumping, catching, etc., etc., etc. And so they have deservedly a king.

11. Raquel Correa.
Now I’m landing in my own country and profession. I want to emphasize a journalist who knows how to make an interview - that is, permit the guest to say what audience is interested in and what he is trying to hide, so as prevent him in saying those of his private interest that he is trying to proclaim.

12. Julio Martínez.
Many years ago, JM appeared alone on a TV program, half-body, seated behind a table during twenty minutes long and with no other resources than his voice and gestures. His comments did the rest. Today, in order to achieve that rest, how much is needed!

13. Juan-Silvia (my parents).
Juan Frank worked hard along his life to make possible that I studied the career I liked the most. Silvia Salgado has been sacrificing for me even more, permitting simply that I live.

About current personages, I’ll wait instead...

Julio Frank Salgado

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14 gigantes personales/14 personal giants

17.11.05

La democracia también sabe amenazar

* Los integrantes de las mesas receptoras de votos aún deben cumplir su función sin remuneración alguna y bajo diversas intimidaciones legales.

Las elecciones son el punto germinal y culminante a la vez de todo sistema político que se precie, como el chileno, de democrático y universal. Sus ciudadanos poseen el derecho-deber de acudir periódicamente a las urnas para elegir y legitimar con su voto a quienes habrán de gobernarlos durante un período previamente limitado. Hasta ahí, todo bien. Pero, y a pesar de que este proceso, del que tanto disfrutan los políticos tradicionales y del que debería disfrutar también el resto de la ciudadanía, mira con satisfacción y orgullo hacia el pasado apuntando al considerable progreso social aportado, paralelamente sigue ocultando algunos resabios sombríos, que no le permiten sostener dicha mirada por mucho rato. Ese lastre constituye, paradojalmente, la energía vital para cualquier actividad social: el financiamiento.

Así es: la “fiesta cívica”, lamentablemente, no se financia. Peor aún, descansa en último término sobre las espaldas, la paciencia y el temor de miles de ciudadanos obligados por ley a asumir una extenuante función en forma gratuita y bajo amenaza de penas expiatorias: los integrantes de las mesas receptoras de sufragios o vocales de mesa. La democracia opera aquí con la parte angosta del embudo: así como a pocos interesa saber quiénes y en qué condiciones construyeron las pirámides de Egipto, tampoco parece importar mucho cómo han podido funcionar quienes apuntalan personalmente, voto a voto, la base de la democracia. En definitiva, se ha hecho caso omiso de los verdaderos “incentivos” que mueven, al menos parcialmente, el cumplimiento de dicha función: el pago de una multa dolorosa para cualquier bolsillo medio, pasar hambre y la cárcel.

Hormiguitas democráticas

La tarea de recibir y contar votos in situ fue incluida en el reglamento constitucional chileno de 1811. Mesas receptoras de cinco miembros fueron establecidas años después, en 1830, y estaban compuestas por el regidor más antiguo o el juez territorial, el cura párroco y tres ciudadanos elegidos por la municipalidad respectiva. La votación se realizaba en tres días, en períodos de siete horas diarias, con un descanso intermedio de dos horas. Tres años después se redujo ambos períodos a dos días y seis horas, respectivamente. En 1861 el descanso se acortó a una hora, en tanto las sanciones por no cumplimiento de la función ascendían a una multa de 200 pesos de la época o cuatro meses de prisión.

Fue la ley de 1874 la que impuso el marco que rige hasta hoy: las elecciones se realizarían en un solo día y las juntas electorales funcionarían durante siete horas en forma ininterrumpida. Arturo Prat, posterior héroe nacional y entonces aspirante al grado de Licenciado en Leyes, se interesó en el tema; en su memoria, “Observaciones a la lei electoral vijente” (1876), señalaba:

La terminación del nombramiento de mesas calificadoras o receptoras (de votos) en una sola sesión es, sin disputa, una medida mui conveniente; no obstante, en la práctica impone a la junta un gravámen que al congreso era difícil preveér; tal es el tiempo considerable que en poblaciones numerosas como Santiago tienen que ocupar en la designación de juntas calificadoras i en la de receptoras, principalmente de estas últimas, que son más. Hemos visto en esta capital, que instalada la junta de mayores contribuyentes a las 12 M ha funcionado sin interrupción todo el dia, continuando en la noche, i no ha concluido hasta el dia siguiente, con manifiesto perjuicio de todos, que no siempre han de gozar de salud a prueba de veladas.

Su sensibilidad era encomiable, aun cuando los “mayores contribuyentes” estuvieran, como su denominación sugiere, en condiciones de costearse holgadamente la protección de su salud.

La reforma municipal de 1891 generó otro concepto básico: el desempeño del cargo municipal sería gratuito y nadie podría excusarse de ejercerlo, salvo que tuviera sesenta años de edad, algún defecto físico o una enfermedad grave que impidiera el ejercicio habitual del cargo.

Otro analista de la época, que firmaba con las iniciales V.T., se preguntaba en sus “Leyes electorales de Chile”, de 1915: “¿Pueden los comisarios, con cargo al erario municipal, costear el almuerzo o comida de los vocales? La lei no lo dice expresamente, como tampoco lo decía la lei antigua; pero es evidente que pueden costear esos gastos; i ello lo da a entender el artículo 68 al decir que corresponde al comisario ‘tomar todas las medidas convenientes al mejor funcionamiento de la Comisión Receptora (de votos)’, i a que no sería aceptable el obligar a trabajar diez o más horas a los vocales sin proporcionárseles los elementos necesarios para la conservación de su salud y de su vida”.

Constructores de pirámides

Ninguna autoridad, finalmente, se dio por aludida. Las actuales reglas del proceso electoral provienen de una
ley de 1988 y sólo especifican al respecto que las mesas receptoras funcionarán sin interrupción durante nueve horas.

Se estima que las elecciones municipales de 2004, inmediatamente anteriores a las presidenciales y parlamentarias de diciembre próximo, tuvieron un costo fiscal de aproximadamente 4.183 millones de pesos chilenos –aproximadamente ocho millones de dólares-, destinados a la habilitación de locales de votación, movilización de efectivos de las fuerzas de orden, suministro de cédulas, mesas, urnas, computadores, lápices y tampones de tinta, y otras operaciones y materiales. En cuanto a remuneraciones, cada delegado electoral de un local de votación tiene derecho a percibir diariamente el 30 por ciento de u
na Unidad Tributaria Mensual (UTM) –unos 17 dólares- y sus subalternos, la mitad de esa cifra. En cambio, los más de 150 mil vocales de mesa –cada uno de los cuales, además, podría cumplir perfectamente una década en esas funciones- no fueron considerados.

El año pasado, el Senado acordó solicitar a las municipalidades financiar una colación (almuerzo rápido) para los integrantes de las mesas de votación respectivas. Al menos una manifestación de pudor ante la agotadora e indispensable tarea de las hormiguitas de la democracia, a cambio de lo cual éstas no sólo pasan hambre, sino también temen a multas que multiplican varias veces lo que gana un delegado electoral y si se les ocurriera negarse en el mismo recinto de votación, simplemente tendrían que ir al calabozo. ¿Por falta de civismo o moderna esclavitud? La democracia tiene la palabra.


Julio Frank S.

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La democracia también sabe amenazar

15.11.05

La ficción no deja ver la realidad

* El periodismo libra una solitaria batalla contra una epidemia que se expande, alimentada por los medios, sobre la mayor parte de la sociedad globalizada.

Otro bloguero chileno tambaleó en las últimas semanas por informar lo que consideraba un hecho real: el periodista del diario El Mercurio
Víctor Hugo Durán, quien fue despedido. El blog sobrevivió, pero sin el post de la polémica, titulado “Tabaco: Una noticia, una editorial y varias denuncias de un canalla”. Pero más allá de las circunstancias puntuales que rodean este nuevo caso de censura y represión contra la libertad de expresión subyace una grave amenaza no sólo para la existencia misma de la profesión periodística, sino también para el derecho de la sociedad a mantenerse informada. Se trata de una epidemia de ficción que invade sin cesar la realidad contingente con el interesado objetivo de dejarla irreconocible para el ciudadano común.

Ficticio es, por definición, algo irreal, imaginario, aparente, inventado, supuesto, fingido, simulado, artificial, soñado, ideal, quimérico, utópico, fantástico, fabuloso, etc. Es decir, algo que no pretende sino representar o parecerse a lo real. Esto último, en cambio, es algo existente, cierto, auténtico, práctico, efectivo, verídico, innegable, etc. Para el periodismo, por tanto, lo ficticio es un enemigo natural y sólo le está permitido omitirlo o desenmascararlo, salvo cuando queda meridianamente claro que recurre a él con fines estrictamente simbólicos. Unicamente la realidad puede fijar los límites del ejercicio periodístico.

Estas reflexiones parecieran obvias, pero corresponden cada vez menos a lo que ha venido ocurriendo en la comunicación masiva chilena y de otros países incorporados al proceso globalizador del libre mercado. Periodismo y medios de comunicación, por efecto directo de este sistema, han dejado de ser socios y ya no apuntan en el mismo sentido, producto de sus ya débiles intereses comunes y del hecho que los de estos últimos, además, se han impuesto sobre los de aquél bajo las actuales condiciones.

Información versus persuasión

El periodismo se ha escindido en dos partes: una que ha preservado los objetivos y funciones originales del reporteo e interpretación de los hechos con un interés público y ciudadano, y otra que los ha modificado con el fin de aplicarlos en favor de metas privadas e institucionales. De este modo, son cada vez menos, en número e influencia, los periodistas que transmiten hechos reales con la sola finalidad informativa y cada vez más aquellos que manejan sofisticados conceptos para convertirlos en ficción persuasiva. En estas circunstancias, el periodismo propiamente tal decrece en los medios de comunicación tradicionales, en los cuales prosperan, a su vez, y en desmedro suyo, las relaciones públicas, la comunicación estratrégica, la publicidad y el marketing.

La ficción, con etiqueta de entretención, continúa propagándose por las programaciones de radio y televisión, las páginas de los periódicos e incluso las de la red Internet más allá de los límites convencionalmente admitidos y con un propósito claramente invasivo. Utilizada como única herramienta para cumplir las implacables reglas de competición y éxito impuestas por el mercado, la ficción, alimentada por las fuentes que proveen el financiamiento medial, ha traspasado la frágil frontera de la realidad defendida por el periodismo. Es fácil comprobarlo viendo o escuchando a periodistas haciendo
publicidad en medio de su tarea informativa o a presentadores de noticias actuando paralelamente en spots para empresas comerciales. O bien leyendo notas periodísticas nutridas por material minuciosamente trabajado por fuentes comunicacionales ajenas al redactor. Con la red ocurre algo paradójico: definida como “realidad virtual”, podría ser considerada el más ficticio de los medios; sin embargo, es el que refleja mayor veracidad. De ahí, probablemente, los ataques contra blogueros.

Las causas de todo esto no son oscuras: mientras la ficción mediática busca forjar un consumidor compulsivo que sostenga la economía de mercado, la realidad periodística permite formar ciudadanos pensantes para una sociedad que, evidentemente, no es la actual. El público, en todo caso, tendrá que definir cómo desea que le consideren.

Julio Frank S.

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14.11.05

Los maestros de la censura en Internet

* China, el mejor cibercensor del mundo, ha invertido millones de dólares en la red con el propósito de… restringir su uso.

Internet nació para ampliar el orbe comunicando a los seres humanos con un sistema eficiente y accesible a cualquiera. Qué mejor. El problema es que no todos tienen las mismas aspiraciones respecto de su uso, salvo probablemente las económicas. Y si entre los discordantes se encuentra la emergente potencia mundial del siglo XXI, China, no está de más preocuparse.

La organización internacional Reporteros Sin Fronteras (RSF) publicó hace un par de meses el llamado "Handbook for Bloggers and Cyber-dissidents", un guía –aún sin versión en español (castellano)- para el desarrollo de weblogs en forma anónima y lo más segura posible, destinado a ayudar especialmente a los blogueros de países sometidos a un fuerte control y censura estatal de las comunicaciones. Uno de sus capítulos, firmado por el jefe de la sección Internet Libre, Julien Pain, se titula irónicamente “Campeonato Mundial de Censura en Internet”, cuyos participantes más aventajados serían, según una traducción personal del inglés, los siguientes:

Campeón indiscutido

El régimen autoritario chino ha invertido decenas de millones de dólares en sofisticados equipos de detección y filtración digital destinados a bloquear cualquier mensaje, foro, página o sitio “subversivo” o pornográfico, basándose en un sistema de listas negras actualizadas permanentemente. Un post llamando a elecciones libres no sobrevive más media hora; otro sobre el Dalai Lama aparece con parches en blanco ocultando las supuestas palabras “ilegales”.

¿Cómo China pudo manejar equipos de censura digital tan avanzados si hasta hace sólo una década no había en el país empresas líderes en Internet? Con la ayuda de grandes firmas estadounidenses encabezadas por Cisco, se responde el autor del capítulo. Con el fin de conquistar una parte del enorme mercado online de más de 100 millones de chinos, agrega, esas compañías cerraron los ojos al uso que se daba a sus productos e incluso algunas habrían trabajado directamente con las autoridades locales, como lo hiciera Security Computing en Arabia Saudita. Yahoo removió de su versión china todo el material “ofensivo” contra el gobierno, algo que Google estaría analizando. (N. de la R.: la filial de Yahoo admitió recientemente, además, haber revelado los datos confidenciales de la cuenta de correo electrónico del periodista Shi Tao, lo que permitió condenar a éste). Más de setenta ciberdisidentes están encarcelados por enviar supuestos mensajes subversivos.

“Antes de abrir un blog en China es mejor averiguar las reglas. Los blogueros de países motejados como ‘censores online mundiales’ deben ser especialmente hábiles y cautelosos”, advierte Pain.

Sus escoltas

Vietnam, más dogmático aún pero menos desarrollado que China, mantiene un escuadrón policial especializado que controla el material de los sitios web y espía en los cibercafés. En Túnez, la familia presidencial ejerce el monopolio de las operaciones en Internet y para controlarlas prohíbe el acceso a todos los sitios opositores e incluso a muchos de la prensa extranjera, como el diario francés Libération y el web de Reporteros Sin Fronteras. El gobierno también trata de disuadir sobre el uso del webmail, más difícil de espiar que el sistema estándar.

Irán, por su parte, ha desarrollado un complejo sistema de detección para bloquear el acceso a cientos de miles de sitios web. Los censores oficiales se concentran en contenidos relacionados con sexualidad, pero tampoco toleran los sitios de noticias independientes. El régimen iraní ha enviado a prisión a unos 20 blogueros este año.

Cuba figura en tanto con una de las más bajas conexiones a Internet del mundo. El método censor del régimen de Fidel Castro es más directo y barato que el chino: ha hecho inaccesible el sistema prácticamente a todos los cubanos, salvo una pequeña minoría autorizada expresamente por el Partido Comunista. Y quienes pueden acceder ilegalmente encuentran, además, una versión ya censurada.

Las autoridades de Arabia Saudita, a su vez, admiten abiertamente que censuran con el fin de proteger a su población de material violatorio de principios islámicos o normas sociales. Su Unidad de Servicio de Internet ha proscrito a cerca de 400 mil sitios; incluso publica un formulario en línea para que los usuarios puedan sugerir otros más por ser bloqueados.

En Uzbekistán “no hay manera de censurar Internet”, aseguró hace algunos meses el ministro de Información de ese país. No obstante, los sitios opositores están inaccesibles y los periodistas digitales son frecuentemente amenazados y agredidos.

Por lo tanto, según este informe de Reporteros Sin Fronteras, los maestros de la cibercensura están de preferencia hacia el oriente. En occidente rige una escuela distinta, pero esa es otra historia…


J.F.S.

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Los maestros de la censura en Internet

12.11.05

Fujimori: ¿Bienvenido o no grato?

* Gobierno chileno no supo cómo recibir a un ex presidente extranjero acusado de crímenes de lesa humanidad.

Un presidente de origen racial distinto al de sus compatriotas gobierna un país equis con extravagante manejo político y alto nivel de popularidad. Se le atribuye graves crímenes y actos de corrupción, por lo que huye a la lejana tierra de sus ancestros y renuncia, a miles de kilómetros, vía fax. Años después decide regresar con un osado plan: recuperar el poder pese a que es un prófugo de la justicia y ha sido acusado en ausencia por delitos equivalentes a una pena de ¡dos siglos! de presidio.

Para tantear el terreno, ingresa a un país vecino, donde todo le resulta inicialmente como lo ha previsto: es tratado como un turista más, se hospeda en el hotel donde hizo la reservación correspondiente y, mejor aún, puede informar públicamente, a través de un portavoz, sus nuevos planes. Pero hay un detalle: ninguna de las autoridades del país anfitrión sabe quién ha llegado realmente. Y cuando se enteran, les sobreviene un ataque de titubeos, explicaciones, quejas, recriminaciones, acusaciones, alegatos, interpretaciones y otras confusiones de alto nivel, que enredan de capitán a paje y que sólo es capaz de calmar una orden de detención preventiva contra el visitante, tras el anuncio de una petición de extradición. Pasado ya lo peor, deben mostrar control sobre el incidente y castigar a los responsables; con este fin, remueven de su puesto a… dos funcionarios del aeropuerto de entrada. Tras esto, las autoridades declaran cerrado el caso. Aunque su problema podría estar recién empezando: la privación de libertad del temerario ex gobernante no le impediría proseguir con su ambicioso plan…

Se dice que la realidad supera a la ficción. Este parece un ejemplo.

Delitos y plataforma política

Es mi propósito permanecer temporalmente en Chile, como parte del proceso de retorno al Perú y cumplir con el compromiso adquirido con un importante sector del pueblo peruano que me ha convocado para que participe como candidato a la
Presidencia de la República en los próximos comicios del 2006.

Así anunció Alberto Fujimori desde un hotel santiaguino el domingo 6, a través de un comunicado leído por un vocero.

En Perú, en cambio, el ex presidente (1990-2000) podría ser condenado en teoría a un total de 225 años de prisión por los numerosos delitos contra los derechos humanos y de corrupción que se le imputan, según la fiscalía especializada de ese país. En la práctica, respondería sólo por los más graves, que podrían significarle presidio perpetuo. El caso más impactante es el de una organización paramilitar que habría secuestrado, torturado y dado muerte a 25 personas supuestamente insurgentes, creada por su entonces asesor de inteligencia, Vladimiro Montesinos, actualmente procesado junto a otros miembros del grupo clandestino, varios de los cuales confesaron que Fujimori había aprobado las operaciones.

Las autoridades peruanas no consideran casual que el viaje haya sido precisamente a Chile. Fujimori tendría en mente construir, durante las semanas que tuviera que permanecer allí, una base política desde un país vecino aprovechando también una supuesta actitud permisiva de éste ante ex colaboradores suyos. En esa tarea no estaría solo: varios expertos electorales y ex empresarios de medios de comunicación peruanos trabajarían con él en Santiago. Aunque el Tribunal Constitucional le suspendió sus derechos civiles hasta 2010, se estima que intentará activar una presión popular en su favor para obligar a que se le acepte una nueva candidatura. El plazo de inscripción vence el 9 de enero próximo y las elecciones están previstas para junio siguiente.

Fujimori permanece detenido desde el lunes 7 en dependencias de Gendarmería de Chile por disposición de un juez local, mientras el gobierno peruano tramita la anunciada solicitud de extradición.

Hablar y saber

A estas alturas de la historia, la política y la tecnología, ¿es posible que las más altas autoridades de un país de mediano desarrollo como el chileno no hayan sabido de la llegada de un personaje conocido internacionalmente, de tanta connotación política y con tales imputaciones criminales? Tras su arribo a Santiago, en la televisión chilena comenzaron a aparecer rostros de sorpresa de personeros de gobierno y políticos de distintos bandos, unos tratando de explicar que lo que importaba era la normativa jurídica local, otros criticando la desinformación y poca claridad oficiales, y algunos más pidiendo sanciones. El Presidente Lagos se quejó de que Japón no le hubiera avisado; el ministro secretario general de gobierno, Osvaldo Puccio, se apresuró a dejar el problema en manos de los tribunales de justicia; el diputado opositor Jorge Ulloa dijo que el nuevo sistema de inteligencia estatal había hecho agua y el candidato presidencial de la izquierda, Tomás Hirsch, pidió la renuncia del ministro del Interior. El hilo, sin embargo, se cortó por lo más delgado, al ser removidos de su puesto los dos funcionarios que permitieron, sin consultar a sus superiores, el ingreso de una persona con pasaporte de turista pero requerida por su país. ¿Son ellos los únicos responsables?

Sabido es que la vocería de gobierno es el trabajo de mayor verborrea comunicacional del gabinete, pues debe explicar a través de los medios masivos, imperturbablemente y con la misma claridad aparente, desde la tierna inauguración de un jardín infantil hasta un horroroso magnicidio. No se distingue por aportar nuevos antecedentes; está diseñada más bien para convencer de que se trata generosa y razonablemente de comunicar algo importante. En dos palabras, aclarar nada. Ese cargo, precisamente, permitió a Francisco Vidal, actual ministro del Interior, abandonar hace dos años el perfil secundario que había caracterizado su trayectoria pública. Su desempeño debe haber sido muy bien evaluado por el presidente, quien inesperadamente le ascendió, cerca ya del fin de su mandato, al segundo cargo en poder político dentro del gobierno. A pesar de esa responsabilidad mayor, Vidal no ha podido abandonar su enfoque liviano y artificioso sobre los problemas nacionales ante los medios, estilo más útil a personeros de otra envergadura política, como su antecesor, el actual secretario general de la OEA -mencionado incluso como posible candidato presidencial antes que Michelle Bachelet-, José Miguel Insulza. “A mí el que me evalúa es el Presidente de la República”, replica simplemente a sus críticos.

La responsabilidad principal de un incidente como el de Fujimori recae en el cargo de ministro del Interior, por su poder político y de seguridad interna. El de ministro secretario general de gobierno tampoco se libra, con su papel de ocultamiento de errores oficiales. Han pagado, sin embargo, dos anónimos funcionarios menores.


Julio Frank S.

Fotos:
accionchilena.cl
gobiernodechile.cl

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Fujimori: ¿Bienvenido o no grato?

11.11.05

La ilusoria oferta laboral de Bachelet

* Programa de gobierno de la candidata de la Concertación pretende revertir condiciones que han contribuido a consolidar la economía de mercado.

Hoy ya no basta prestar servicios para aportar al éxito de una empresa; hay que ser parte del éxito mismo. Para nadie es un misterio, por lo tanto, que el modelo de economía libre en vigencia tiene favoritos: los que emprenden algo, por sobre los que simplemente lo ejecutan. Los primeros, con su iniciativa, empuje y capital, constituyen los pilares del sistema; en cambio estos últimos, por mucha eficiencia que mostraren, son en definitiva servidores de ese talento. Eso, al menos, según el frío mercado.

El crecimiento de la economía chilena, qué duda podría caber, es evaluado fundamentalmente a través de las utilidades de los consorcios privados y de los ajustes a las cuentas públicas, en tanto el estancamiento de la mayoría dependiente de un sueldo o salario aparece como una pesada carga de la que nadie quiere responsabilizarse. Los gobiernos concertacionistas, la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), que agrupa a las principales organizaciones empresariales del país, y la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), que con mucho esfuerzo ha conseguido aunar a los sindicatos más activos, tienen un largo recorrido de confrontaciones al respecto.

Muchos de los trabajadores que votaron por Ricardo Lagos en 1999-2000 –hubo segunda vuelta- confiaban en que esta área sería prioritaria para uno de los más implacables opositores al gobierno de Pinochet. Hoy, a pocos meses del fin de su mandato, quedan en el recuerdo diversas reformas acordadas con una oposición parlamentaria poderosa y siempre reticente a estos temas, las que han sido desvirtuadas sagazmente por muchos empleadores. Como corolario de este balance, además, una alta autoridad del Ministerio del Trabajo –María Ester Feres- debió renunciar por órdenes superiores por no haber reprimido un movimiento laboral en su propia repartición.

Sobre este accidentado terreno pretende Michelle Bachelet, según su programa, promover “relaciones laborales modernas y justas” y garantizar que “se respeten plenamente los derechos laborales”.

“Queremos un Chile en que las leyes laborales y las obligaciones de los empleadores se cumplan cabalmente”, anunció la candidata presidencial de la Concertación hace un par de semanas. Aquí están sus propuestas en esta materia, incluidas en el capítulo denominado “Proteger a nuestra gente”. Los subtítulos son míos.

Más negociaciones colectivas

“Revertiremos la trayectoria declinante que ha venido experimentando la proporción de trabajadores que negocia colectivamente. No es moderna una economía en que menos del 10 por ciento de los trabajadores negocia colectivamente las condiciones de trabajo y salarios”.

Sindicalismo fuerte

“Promoveremos el desarrollo de un sindicalismo fuerte y moderno como elemento central de las relaciones laborales. (…) Combatiremos con mucha fuerza las prácticas antisindicales (…)”.

Justicia laboral

“Apoyaremos la puesta en marcha y funcionamiento del nuevo sistema de justicia laboral. Las grandes mejoras que traerá en materia de acceso, oralidad, rapidez y transparencia redundarán en beneficio de todos los trabajadores. Dotaremos a este nuevo sistema de los recursos necesarios para que pueda realizar plenamente su potencial. Actualmente se tramita en el Congreso un proyecto de ley de procedimiento laboral. Si no se ha aprobado entonces, en marzo de 2006 le daremos suma urgencia”.

Control de abusos

“(…) impulsaremos proyectos de ley que aborden problemas como los abusos en horarios de trabajo, los abusos en cargas de trabajo y los contratos falsos. Regularemos los excesos en la polifuncionalidad, que se dan cuando los empleadores demandan más funciones a un trabajador sin ningún tipo de aumento de beneficios”.

Fiscalización de subcontrataciones

“Las modalidades de subcontratación se han extendido enormemente. Esta es una forma de contratación que otorga mayor flexibilidad a la empresa pero que muchas veces desprotege a los trabajadores. Debemos evitar que la subcontratación se transforme en una forma de eludir la legislación laboral”.

Sanciones por no pago de previsión

“La práctica de realizar la declaración de pagos previsionales pero efectuar el pago meses después o nunca crea “lagunas previsionales” a los afectados, que reducen la pensión que por ley les pertenece. Reforzaremos la legislación que castiga este tipo de prácticas inaceptables, estableciendo sanciones drásticas a las empresas que incurran en ellas”.

¿Una economía neoliberal creciendo con más negociaciones colectivas, sindicalismo fuerte, mejor justicia y mayor fiscalización laboral? Habría que verlo.


Julio Frank S.

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La ilusoria oferta laboral de Bachelet

9.11.05

¿Otra América es posible?

* La mayoría de los latinoamericanos valora la democracia, pero no tiene aún la cultura cívica necesaria para avanzar en ella, concluyen diez años de investigación.

La reciente “Cumbre de los pueblos” realizada en Argentina como réplica a la oficialista Cumbre de las Américas lanzó el siguiente lema: “Otra América es posible”… sin la hegemonía estadounidense, se entiende. Pero el último informe de la corporación Latinobarómetro, medición que desde 1995 ha tomado el pulso democrático a casi 20 países que comparten el continente con Estados Unidos, pareciera convertir esa propuesta en no más que un gran deseo o esperanza.

La investigación incluye a Brasil, México, Argentina, Chile, Colombia, Venezuela, Perú, Uruguay, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Costa Rica, Panamá y República Dominicana.

Según cifras globales, el 66 por ciento de la población latinoamericana cree que la democracia es el único sistema de gobierno que permite llegar al desarrollo y el 62 por ciento declara que bajo circunstancia alguna apoyaría a un régimen militar. Sin embargo, al profundizarse en materia de cultura cívica, esa valoración comienza a perder consistencia: el 61 por ciento se dice insatisfecho con el funcionamiento del sistema, el 74 por ciento afirma que la política le interesa poco o nada, el 67 por ciento admite tener un escaso conocimiento de la Constitución de su país y el 86 por ciento sostiene que los dirigentes políticos poco o nada se preocupan de los problemas que le interesan. Paralelamente, la mayoría indica al gobierno como la institución más poderosa, pero sólo el 49 por ciento da su aprobación a los gobernantes en ejercicio. Solamente el 27 por ciento, además, declara estar satisfecho con el funcionamiento de la economía de mercado y el 75 por ciento teme quedar sin trabajo en los meses próximos.

Democracia poco representativa

Fuera de los eternos problemas de pobreza, educación deficiente y otras lacras generalizadas en el subcontinente, el estancamiento en cultura cívica ha generado una situación no prevista al término de las dictaduras: el latinoamericano promedio, si bien mantuvo su valoración del sistema democrático, no ha conseguido disipar sus dudas acerca de la materialización de éste ni decidirse a participar activamente en él y ejercer así una influencia más trascendente en el curso cotidiano de su país. El informe señalado agrega que, además de no interesarles en general la política, sólo el 51 por ciento de los habitantes de Latinoamérica dice ser exigente respecto de sus derechos, el 16 por ciento admite haber firmado una petición de carácter público, el 13 por ciento, haber asistido a una manifestación callejera, y sólo el 3 por ciento, haber participado en manifestaciones no autorizadas.

“Los datos recopilados por el Latinobarómetro -señala el documento- apuntan a que la democracia representativa tiene su talón de Aquiles justamente en la representación” y deduce que los procesos de transición a la democracia no han logrado penetrar en la cultura cívica de los ciudadanos de la región. Marta Lagos, directora de la corporación, fue más categórica aún en declaraciones al diario El Mercurio (30-10-2005): “Estamos viviendo sociedades terriblemente primitivas desde el punto de vista de su desarrollo. Todo lo que es abstracto –la política, el parlamento, los partidos políticos, la justicia- está tan lejos de la gente, que (ésta) lo rechaza”.

El informe concluye que un decenio de datos recogidos por el Latinobarómetro reflejan “lo mucho que no ha cambiado” América latina en su actitud hacia la democracia y que ni siquiera la bonanza económica parece haber incidido al respecto. Precisa que lo que cambió fue la estructura de funcionamiento estatal, no la cultura política de la población, y que el estado de derecho no es percibido por ésta como algo real y cotidiano.

Nada demasiado nuevo en la América morena: sus carencias de siempre en lo económico, social y político. Pero quizá la más influyente sea aquella de la cual parte lo anterior: la cultural. Por todo eso, y aunque le duela, su nombre podrá seguir siendo acaparado por su superpoderoso vecino del norte.


Julio Frank S.

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¿Otra América es posible?

7.11.05

El periodismo busca su destino

* Después de una historia de censuras, represiones y triunfos parciales, el periodismo parece haber encontrado un nuevo camino: la asociación directa con la ciudadanía.

"Nuestra profesión es vocacional, es un sacerdocio. Estamos casados con la realidad que vivimos, cada cual a su medida, y a ella nos debemos en cuerpo y alma".

Esa definición, pronunciada por Gregorio Goldenberg en plena dictadura militar chilena (“Autonomía profesional y trabajo periodístico: ¿Una realidad posible?”), es de aquellas que no admiten interpretaciones tibias: o se está con ella o contra ella. De ahí parten, efectivamente, todos los deberes, sueños, penurias y tragedias que, en mayor o menor medida, atañen a quienes han ejercido o ejercen la tarea de informar profesionalmente al público. El idealismo, juegue éste en favor o en contra de quien lo practica, es algo inherente al periodismo. Si no fuese así, la identificación con el ciudadano común se diluiría a la menor amenaza del poder o tentación de la comodidad.

Partiendo entonces de la base que el periodismo no es un simple oficio para “ganarse la vida” sino que conlleva el segundo compromiso, de carácter ético, de tratar siempre de ser fiel a la realidad que se percibe, se puede entender por qué esta profesión ha atravesado situaciones tan complejas como contradictorias: desde éxitos históricos, como la revelación del escándalo de Watergate, pasando por la infinidad de censuras y represiones dictatoriales, hasta el desperfilamiento y alto desempleo propio de la época actual, en todo lo cual ha influido, por supuesto, la definición ya citada. En su ejercicio, el periodista invade varios escenarios ajenos: el de los políticos y gobernantes, para criticarles y sugerirles lo que deben hacer; el de los artistas, cuando la inspiración profesional compite con la artística en los medios de exposición masiva; el de los jueces, abogados, escritores, ingenieros y cuanta profesión haya que merezca una observación pública. Pero el escenario que más y mejor debe invadir es el del público en sociedad.

Después de tres siglos de historia periodística, puede decirse que este invasor profesional ha sido habitualmente soportado por los demás actores sociales, ya que no ha logrado convencerlos del todo acerca de la imperiosa necesidad de su tarea. Su diaria obligación de representar y defender los intereses del público se ha visto obstruida, directa o indirectamente, por los intereses de su empresa empleadora; cuando ésta ha actuado con más espíritu social que ambición o urgencia económica, el desempeño ha resultado generalmente satisfactorio y fructífero; cuando ha ocurrido al revés, se ha frustrado el mensaje periodístico. En lo político, a su vez, se ha dado una paradojal constante: las crisis democráticas y las dictaduras han sido menos desfavorables al ejercicio del periodismo que los propios períodos de relativa tranquilidad social, como la actual. La causa es simple: tanto en la anarquía como en el autoritarismo resulta en definitiva inútil y absurdo tratar de ocultar la realidad de fondo porque ésta brota en forma espontánea del propio caos o del falso orden imperante y es, por ello, más fácil de captar y reproducir con cierta fidelidad; en la democracia globalizada de los 2000, en cambio, esa realidad de fondo parece como de ficción en medio de la aparente paz y “felicidad” reinante, por lo que resulta difícil incluso distinguirla.

Nuevos socios

Es patente, después de todas esas etapas, procesos y vicisitudes, que el periodismo perdió su guerra fría con los medios de comunicación que le albergaron tradicionalmente y que éstos, además, le han relegado a un segundo plano tras definirse en favor de sus intereses particulares, directamente vinculados con la promoción de la imagen corporativa, la obtención de rentabilidad comercial y la defensa del sistema de libre mercado. Es también evidente que políticos y gobernantes, dejándose llevar por la corriente globalizante, tampoco están dispuestos a arriesgar su trayectoria para comprometerse con una información pública abierta y verdaderamente democrática. Y la ciudadanía, llamada a participar y opinar, no parece masivamente interesada en ello, como no sea para perfeccionar su consumismo.

Así, ya sin el vehículo empresarial que le permitió llegar a todo el mundo durante el siglo pasado, sin una genuina convicción de parte de gobernantes y gobernados sobre la libre información y sufriendo el éxodo de muchos y muy buenos profesionales hacia especialidades distintas, como las relaciones públicas y el marketing, el periodismo ha debido recurrir a la vieja máxima de “renovarse o morir”. Y en este camino se ha encontrado, mágicamente, con un medio de comunicación no sólo universal, de fácil acceso, sin propietarios y –al menos hasta ahora- con pocas posibilidades de ser censurado, sino también con un número de usuarios en permanente crecimiento y ávido de conocer, opinar y participar: la red internet. En este nuevo público, aún poco entrenado, y este nuevo medio, de recursos aparentemente ilimitados y muchos de ellos gratuitos, el periodismo ha detectado la posibilidad cierta de conseguir nuevos socios. Esta asociación ya en ciernes, llamada periodismo participativo o ciudadano, está dando que hablar y puede ser el destino de una profesión que, quizá como ninguna otra, necesita de la auténtica democracia para poder vivir. Enhorabuena.

Julio Frank S.

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El periodismo busca su destino

5.11.05

Dos vecinos que no pueden ser amigos

* Perú y Chile inquietan nuevamente las aguas del Pacífico Sur, prolongando una disputa tan antigua como su existencia como repúblicas.

No se habían cumplido veinte años desde su independencia de España cuando Perú y Chile ya estaban en guerra el uno contra el otro. Hoy, más de 160 años después, un nuevo trazado marítimo planteado por el primero ha puesto a los políticos y diplomáticos de ambos países nuevamente en alerta y reanimado en la población un histórico antagonismo.

La historia binacional está empapada de numerosos y periódicos conflictos por la supremacía en una vasta zona fronteriza, desde casos menores y puntuales hasta las dos cruentas confrontaciones armadas acaecidas durante el siglo XIX. Mientras los gobernantes de la respectiva época se han ocupado, en definitiva, de decidir los períodos de paz y de guerra, los pueblos gobernados han sufrido y pagado en carne propia los desacuerdos y diferencias político-económicas que han inspirado dichas decisiones, lo cual ha obtenido como resultado un comprensible resentimiento y desconfianza mutua a nivel popular.

La calidad de las relaciones entre Perú y Chile –este último, vencedor en ambas guerras-, los dos países con mayor territorio marítimo del Pacífico Sur y vecinos formales desde la Conquista española, han ido de más a menos a lo largo de casi dos siglos de vida independiente. Las relaciones diplomáticas, excluidos los lapsos bélicos, han sido relativamente regulares; las comerciales han terminado en acuerdos específicos, y respecto del sentimiento popular recíproco no puede hablarse precisamente de abierta fraternidad. En definitiva, estos dos vecinos sudamericanos sólo han podido ser socios en determinadas materias, no propiamente amigos.

¿Gendarme sudamericano?

La imagen de Chile como nación provoca ciertos anticuerpos en su vecindario más cercano. Mientras éste se debatía en las crisis políticas propias de la post independencia, aquél podía evitarlas mediante una línea férreamente conservadora; mientras aquél era azotado por periódicas revoluciones y asonadas, la elite dirigente de éste podía transmitir el poder en forma concertada. Hoy, mientras sus vecinos buscan desesperadamente una salida a sus tribulaciones económicas y sociales, Chile se ve en este aspecto con una tranquilidad envidiable, al menos en apariencia. Por si fuera poco, un grave conflicto con Argentina en 1978 y la antigua exigencia de Bolivia de una salida al Océano Pacífico han agudizado estas persistentes diferencias y dado origen incluso a otro gran temor regional: la supuesta carrera armamentista de Chile.

La adquisición de naves aéreas y marítimas de guerra gestionada por los gobiernos de la Concertación, principalmente en Europa, constituye uno de los fundamentos para una tesis de ese tipo. Parte de ésta sostiene que la presunta ambición hegemónica de este “gendarme sudamericano” tendría importantes aliados en el Reino Unido y Estados Unidos, países interesados, por supuesto, en compartirla. Chile sería, en esta perspectiva, algo así como un “Israel de América”.

En fin, mucho se puede analizar, reflexionar y especular acerca del presente y el futuro de las relaciones chileno-peruanas. Los historiadores tienen en los documentos respectivos y otras fuentes un frondoso material de investigación. Lo concreto en este momento es que el Congreso peruano aprobó una propuesta de nueva delimitación marítima limítrofe que incorpora a ese país –y resta a Chile- 35 mil kilómetros cuadrados. La diplomacia tendrá que volver a extremar sus recursos si quiere mantener el orden de cosas tal y como ha estado durante todo el siglo pasado: con problemas, pero finalmente superables. Fomentar una amistad sincera entre ambos pueblos, en cambio, parece haber quedado nuevamente para después.


Julio Frank S.

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4.11.05

El lío interno del Cuarto Poder

* Los periodistas tratan de retener una facultad que las inclemencias políticas y económicas están dejando en manos de las empresas.

¿Se imagina usted, ya sea como abogado, médico o un digno lustrabotas, trabajando permanentemente con sus jefes o clientela encima suyo indicándole qué debe y qué no debe hacer? ¿Y cediendo finalmente ante esas presiones para poder terminar con el conflicto? Hace más de veinte años, esbozaba puntualmente en mi memoria de título la necesidad de que el personal respectivo de las emisoras de radiodifusión fuera periodista o, en su defecto, exhibiera un título universitario en un área similar. Sostenía que ello permitiría añadir al mensaje el valioso respaldo de una vocación, formación y experiencia profesionales. Esto, sin embargo, no iba a ser bien visto por los propietarios de esos medios, pues les significaba no sólo un mayor desembolso financiero, sino también –y creo que es la razón más poderosa- una especie de sublevación interna, pacífica pero incontrolable, contra su autoridad y predominio dentro de su propia empresa.

Porque, ¿cómo podrían avenirse una persona que trabaja regida por normas de conducta específicas y que le imponen propósitos fundamentalmente abstractos como la información y la cultura, con otra que se rige por la legislación general y que tiene metas esencialmente concretas como la producción y la rentabilidad? La respuesta parece simple: mediante un objetivo común. ¿Lo ha habido alguna vez? Si ha sido así, ¿qué ha ocurrido con él?

Transferencia forzada

En Chile, después de la creación del colegio de la orden y las primeras escuelas universitarias, a mediados de la década de los ’50, coexistieron los periodistas titulados y los colegiados, formados estos últimos a través de la práctica en los medios de comunicación de la época. Pese a que el estatus profesional dio rápidamente un gran salto, al poder exhibirse y aplicarse conocimientos científicos y sociales adquiridos en la educación superior, se encontró con que una parte influyente de la sociedad no estaba dispuesta a celebrar ni aceptar ese logro. Un diploma universitario no parecía a ésta una acreditación suficientemente válida para ejercer como miembro del así llamado “Cuarto Poder” del Estado y compartir, con menores requisitos que los demás poderes, el tradicional predominio de éstos. Gobernantes y legisladores democráticos, además, son elegidos por la población y pertenecen a instituciones de rango constitucional, lo mismo que los jueces de corte, designados selectivamente pero a través de un proceso legal en el cual también pueden intervenir los anteriores.

¿Y los periodistas? Si bien nadie los elige, sino su empleador, y pertenecen habitualmente a una empresa privada y adscrita a lo más a una asociación gremial, se les envidia la influencia que su mensaje puede ejercer justamente sobre quienes generan a esas autoridades.

En ese contexto, a comienzos de los ’70 periodistas y medios de comunicación conformaban una sociedad consensual y paritaria, aunque los uniera más bien una ideología política sectaria. Tras el golpe de estado, el periodista fue despojado violentamente de su influjo social y mutilado por la censura y la represión, mientras su medio era clausurado, censurado o bien debía aceptar, de buena o mala gana, las férreas limitaciones impuestas. Así, los profesionales sobrevivientes –física y laboralmente- se dividieron en una mayoría pragmática y acrítica en favor de la corriente y una minoría idealista y marginada del sistema. Los medios de comunicación aún en operaciones optaron por el primer camino, remitiendo a los periodistas a áreas noticiosas secundarias y escasamente controvertibles, cambiando de tono y redireccionándose hacia el promisorio y apolítico crecimiento comercial.

Ese fue el punto de quiebre interno del Cuarto Poder: la fuerza periodística fue transferida a la fuerza empresarial. De este modo, la anterior sociedad política fue sucedida por una sociedad laboral, unilateral y rutinaria que, por un lado, redefinió el papel profesional como simple prestación de servicios restringidos y, por otro, conquistó para el medio una privilegiada categoría social como productor de bienes económicos esenciales tales como la entretención, la publicidad y una “nueva” prensa.

A fines de los ’80, desde la Universidad Católica emergió una idea que podría haber conducido a una salida… o quizá haber empeorado la crisis: que la carrera de periodismo incluyera asignaturas destinadas a habilitar a los alumnos como gerentes periodísticos. Teóricamente, era una solución, pero las desconfianzas mutuas y la arrasadora economía de mercado subsiguiente la dejaron tal y como se encuentra hasta ahora: como una simple idea.

Julio Frank S.

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1.11.05

Noticiarios de TV ¿matan el alma?

* Teleespectadores colombianos definieron hace seis años ya 25 condiciones deseables en esos programas.

La percepción sobre lo que es noticia, bien se sabe, puede ser diametralmente distinta entre el periodista que difunde un hecho determinado y la audiencia a la que éste es difundido. Llevada esa divergencia a los extremos, ocurren casos como el abuso antiético del o los profesionales responsables, en un lado, y la represión y la censura contra la prensa, en el otro.

Gustavo Castro Caycedo, como otros autores, se puso en el lugar de los teleespectadores para determinar si ambas posiciones podrían o no llegar a una conciliación alguna vez y el categórico título de su libro niega toda posibilidad al respecto: “La televisión nos mató el alma: el periodismo amarillo” (1999). En la obra, Castro incluyó una encuesta en la que los televidentes colombianos definieron lo que más les gustaba ver en los noticiarios de su país. Es cuestión de juzgar entonces si la percepción y opiniones expresadas por ellos –que identifican no sólo a Colombia- resultaron efectivamente desmesuradas e impracticables, o más bien atentaban contra los intereses particulares de los medios de comunicación y sus miembros. En otra palabras, el viejo dilema: si las noticias difundidas reflejan más a la audiencia o a los propios medios.

Estos fueron, textualmente, los principales gustos sobre los noticiarios manifestados por esa teleudiencia latinoamericana hace seis años ya, pero aún vigentes:

1. Que haya menos informes de guerrilla, violencia y delincuencia.
2. Que los periodistas sean más humanos y respetuosos con los entrevistados.
3. Que la noticia sea concreta, sin rodeos.
4. Que haya buen humor en los noticieros.
5. Que haya mejores corresponsales.
6. Que haya objetividad.
7. Que los periodistas y presentadores sean sencillos e informales.
8. Que se respete el dolor humano.
9. Que la cara del presentador o periodistas corresponda a la noticia; que no sonrían cuando deben estar serios.
10. Que no haya escenas tan crudas o situaciones tan dolorosas que impresionen a los niños, y aun a los grandes.

J.F.S.

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