Promesas de un candidato millonario
* Sebastián Piñera propone mantener la política privatista sobre los medios y dejar el problema de la concentración de éstos sólo a la ley respectiva. Por algo es dueño de un canal de TV.Cuando entró a la carrera presidencial, hace sólo seis meses, parecía que únicamente la demagogia podría ayudarle a descontar ventaja a sus contendores. Hoy, luego que las últimas encuestas le otorgaran el segundo lugar y se inclinaran por una segunda vuelta, muchos electores lo están tomando más en serio.
Sebastián Piñera, candidato presidencial de Renovación Nacional –el partido mayoritario en la derecha hasta hace poco-, debe estar particularmente interesado en el curso que adopten las comunicaciones en Chile. No sólo aspira a ser Presidente, sino que es el actual propietario de Chilevisión, la cuarta red nacional de televisión abierta, que adquiriera en más de 24 millones de dólares. Una bicoca, considerando que es uno de los empresarios más ricos del país y tiene una fortuna estimada en cincuenta veces esa cifra.
Por eso su programa de gobierno se extiende apreciablemente más en esta materia que el de Michelle Bachelet, la candidata oficialista. Piñera dice querer salvaguardar, entre otros valores, el pluralismo y la libertad de expresión. Puede creérsele, pero es difícil que sea su único interés al respecto.
Concentración de los medios
Uno de los problemas que aquejan al sector en general es la excesiva concentración de la propiedad de los medios informativos, la que favorece a los pocos consorcios que acaparan la mayor parte de la cobertura y los ingresos por publicidad. Si bien el postulante derechista afirma en este segundo “eje” –como lo llama- de su programa, titulado “Devolver la confianza en las instituciones democráticas”, que se debe asegurar el mayor acceso a todas las personas para editar, fundar, establecer, operar y mantener un medio de comunicación, se apresura a proponer que la regulación de la concentración medial debe quedar entregada “exclusivamente” a la legislación antimonopolios, “eliminando todas las restricciones de acceso y transferencia de propiedad”, agrega. Pues bien, aun bajo dicha legislación se han consolidado, por ejemplo, los dos grandes imperios periodísticos chilenos, El Mercurio y Copesa.
El candidato-empresario es, después de todo, liberal. En su mente y su proyecto político están la privatización del diario estatal La Nación y la licitación de las operaciones del Diario Oficial, la principal fuente de ingresos de éste. Respecto de Televisión Nacional, la mayor red televisiva chilena, postula la mantención de su propiedad pública en circunstancias que el sistema de autofinanciamiento aplicado en ella la obliga a seguir directrices propias de la empresa privada.
Libertad de expresión
Piñera se toma también otros resguardos: junto con declarar que “el Estado debe reconocer plena validez al principio de la libertad de expresión, permitiendo la libre circulación de noticias y la existencia de medios de comunicación no sometidos a censura”, precisa que a la vez debe garantizar “la protección de los espacios en los cuales se desenvuelve la vida privada, con disposiciones que aseguren, entre otros derechos esenciales, la inviolabilidad del hogar y de las comunicaciones, sean éstas escritas, orales o visuales”.
Propone, asimismo, mantener la injuria y la calumnia en el ámbito penal aunque cambiando las penas privativas de libertad por multas, como también perfeccionar el sistema de responsabilidad civil por daño causado, estimular el avenimiento de las partes y mantener el recurso de protección preventivo por amenazas a la honra, pero acotado a casos donde no exista interés público en la divulgación de una información.
Regulación de contenidos
Plantea también Piñera fomentar la autorregulación de los contenidos en la propia industria, especialmente respecto de la protección de menores, la dignidad de las personas, la violencia y la pornografía. “Los límites y parámetros en los que se basan los medios de comunicación son aquellos que indica la justicia ordinaria”, puntualiza.
En cuando a la función reguladora del Estado en esta materia, sugiere que el Consejo Nacional de Televisión (CNTV) establezca un sistema de calificación y señalización en pantalla de la programación, que permita al televidente elegir informadamente aquellos contenidos que considere adecuados para sí y sus hijos menores de edad. También propone que el sistema punitivo ponga énfasis en las sanciones pecuniarias a los concesionarios, que sea eliminada la pena de caducidad y que se reste al organismo la facultad de otorgar concesiones.
Propugna, además, la protección del derecho de propiedad intelectual como una forma de estimular la generación de contenidos locales de mayor calidad, así como robustecer la defensa legal del autor de determinados contenidos.
Piñera ha seguido convenciendo acerca de sus principios democráticos y ganando adeptos desde que revelara, hace ya varios años, que había votado por el “No” en el plebiscito que significó la salida de Pinochet (1988). Pero no se sabe hasta dónde podrá avanzar con su proselitismo más allá del electorado de centroderecha, porque lo que nadie le creería es que su fortuna la reunió equilibrando la balanza en favor de los más débiles.
Julio Frank S.
Foto: V.P.U.
Etiquetas: Política
Promesas de un candidato millonario




* El periodismo libra una solitaria batalla contra una epidemia que se expande, alimentada por los medios, sobre la mayor parte de la sociedad globalizada.































