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{ NOTAS AL MARGEN }

9.12.05

Príncipes por un día

* La ciudadanía chilena, cuya mayoría pertenece a los sectores menos favorecidos, será la protagonista de las elecciones de este domingo... al menos hasta que salga de la cámara secreta.

El pueblo de Chile, desde su integrante más encumbrado hasta el absolutamente anónimo, tiene motivos para enorgullecerse de participar en un acto cívico como el de este domingo. No cualquier democracia latinoamericana puede mostrar una campaña electoral pacífica, hasta aburrida, en la que el día de cierre –el jueves- sólo los letreros y volantes diseminados por las calles se encargaban de recordarla; tampoco una concurrencia habitualmente relajada y hasta remolona a los distintos locales de votación ni un respeto solemne por los resultados. Nada priva a los votantes, además, de hacer algo que sí les apasiona: volver cuanto antes a casa para conocer el desenlace por televisión y disfrutar de las expresiones de euforia de los vencedores y de disimulado escozor de los perdedores, mientras tratan de entender los análisis electorales, más ingenieriles que políticos. Al día siguiente, volverán a su rutina. Si fuese necesario esta vez una segunda vuelta –como las últimas encuestas pronostican-, pues, que espere: primero las fiestas de fin de año. Ya es suficiente con echar a perder las vacaciones…

Pero, si bien no cuesta tanto entender a un pueblo como el chileno en época de elecciones, lo difícil es justificar su disciplina y consideración respecto de un trámite constitucional en el que se le ruega nada menos que legitime la democracia a cambio de simple adulación y fanfarria.

Alentada y asfixiada a la vez por los créditos que financian su consumo y existencia diarios, recibiendo salarios incluso inferiores a 60 mil pesos al mes (113 dólares), con serias limitaciones de acceso a la educación superior, a la bien dotada salud privada y a la vivienda propia, entre otras carencias, una mayoría de chilenos, aunque el voto sea obligatorio, acude fielmente a definirse por uno de los candidatos que le estuvieron prometiendo todo durante los últimos meses, día a día, en los medios de comunicación, en la calle, en las ferias libres, sin mostrar mucha fe en la política pero tampoco resquemor por las graves desigualdades que le afectan. Como el hecho que una minoría de sus compatriotas –donde están, entre otros, los que le facilitan al crédito y la vida en sociedad- se reparta la mayor parte del ingreso total, además de una cuota también considerable del poder económico y político. Así y todo, los chilenos no son proclives a votar en blanco o nulo, confían sin reparos en la limpieza del proceso electoral y no sienten predilección por las protestas de fuerza. Aunque tampoco les entusiasma ahondar en los programas de gobierno o levantar líderes propios…

Porque una cosa es el candidato en campaña y otra distinta, el político puesto en el gobierno. No constituye infundio decir que la expectativas o ilusiones del votante mayoritario se cumplen apenas en una mínima parte, si es que se cumplen… Sin ir más lejos, el lema de campaña del actual Presidente, Ricardo Lagos, era el magnánimo “Crecer con equidad”. La realidad, seis años después, es que no sólo persisten la extrema pobreza –cerca del 20 por ciento de la población- y los bajos salarios –el 90 por ciento ganaba menos de 350 mil pesos (660 dólares) promedio al mes en 2001-, sino que los consorcios empresariales han crecido sin equidad alguna: este año, al primer semestre, las utilidades de los diez mayores grupos económicos sumaban casi un billón y medio de pesos ($1.446.584.000.000, más de 2.800 millones de dólares), la décima parte del presupuesto nacional.

La mayoría de los más de ocho millones de habitantes habilitados para votar este domingo pertenecen a los sectores menos favorecidos. En un esfuerzo de ánimo y responsabilidad cívica, esa multitud accederá una vez más a ser el protagonista de un sistema que cree correcto, pese a presentir que su protagonismo terminará apenas salga de la cámara secreta. Esa mayoría, objeto de culto durante la campaña, es la que elegirá en definitiva un nuevo Presidente para Chile. La misma que sólo en las elecciones subsiguientes volverá a ser estrella.

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Julio Frank S.

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