El antes y el ahora de la justicia chilena
La Reforma Procesal Penal, esto es, el nuevo Código Procesal Penal y las leyes complementarias, ya tiene su primera batalla ganada y también una perdida. El caso Lavandero, que culminó con un veterano político y senador de la República tras las rejas, sentenciado por abusos sexuales contra menores de edad, constituye un respaldo más que oportuno en los comienzos de la nueva justicia del crimen de primera instancia, que desde junio de este año rige en todo Chile.
A su vez, la grave confrontación entre una fiscal regional y la autoridad máxima de una de las instituciones especialmente creadas, el Ministerio Público, que terminó con la destitución de la primera, tampoco deja dudas de que el sistema debutante no funcionará con la fluidez deseada.
Tanto el Ministerio de Justicia como el Ministerio Público y la nueva Defensoría Penal han realizado una visible aunque poco mensurable campaña de difusión de las normas vigentes, que no sólo son muchas, inéditas varias de ellas y no todas sencillas de explicar, sino que han encontrado cierta incredulidad al interior del propio Poder Judicial, más apegado a lo antiguo pero ya experimentado que a una modernidad por probar.
Pues bien, la suerte está echada y se supone que la llamada “nueva justicia” tendrá que superar uno a uno los obstáculos, sobre todo si provinieran nuevamente de su propio seno. El objetivo fundamental, como se ilustra aquí, es liberar al juez del exceso de tareas que le impedía administrar adecuadamente justicia y distribuir equitativamente esa carga entre todos los involucrados en este servicio público.
J.F.S.
Diagramas: J.F.S., CD animado “La Reforma, fácil”.Etiquetas: Sociedad
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