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{ NOTAS AL MARGEN }

18.8.05

El boomerang Bachelet/The boomerang Bachelet


* Los candidatos presidenciales suelen “sudar la gota gorda” tratando de construir una plataforma de triunfo. En el caso de Michelle Bachelet, otros transpiran por ella.

Las elecciones en Chile y otros países de tradición democrática han sido consideradas como una válvula de escape de las efervescencias sociales propias de cada época y, a la vez, como una valla de contención que, no obstante algunos pormenores tensos y confusos, ha evitado hasta donde ha podido consecuencias funestas. Por eso, entre otras causas, ha quedado la imagen del candidato –particularmente el presidencial- urgido por presentar a la ciudadanía una trayectoria política cuando no brillante, al menos conocida e intachable, y una preparación y compromiso personales incuestionables, además de arrimarse a un partido o coalición de partidos fuerte y creíble. Porque, de resultar elegido, lo que le esperaba ya no era precisamente un desahogado continuismo.

Arturo Alessandri podría ratificarlo con propiedad, como figura central de dos períodos cruciales en la historia chilena del siglo XX: en las elecciones presidenciales de 1920, su resistido triunfo sobre Luis Barros Borgoño significó el cese de la conducción elitista del país y el inicio de profundas reformas sociales, y con las de 1932 se cerró un paréntesis de severos trastornos políticos. Asimismo, la victoria de Carlos Ibáñez del Campo en 1952 pretendió “barrer” con la política tradicional ya desprestigiada, mientras que la elección final de Salvador Allende ante Jorge Alessandri en 1970 constituye el inesperado comienzo de toda nuestra dolorosa historia reciente y la de Patricio Aylwin en 1989 permitió dejar atrás un régimen de fuerza al que en un momento dado no se le veía término. Las elecciones de la posterior “transición democrática”, por último, han tenido también algo de esa atmósfera recargada e inquietante que rodea la definición de algo trascendente: tanto la amplia diferencia de Eduardo Frei hijo sobre otro Alessandri –Arturo Alessandri Besa- en 1993 y la estrecha victoria de Ricardo Lagos sobre Joaquín Lavín en 1999 permitieron a los ganadores mantener alejados del poder a los supuestos herederos del gobierno militar.

La campaña de las íes

Ese era, a grandes rasgos, el marco de la historia electoral leída, escuchada y sufrida por cualquier chileno. Hoy, sin embargo, el escenario ha cambiado abruptamente. No se debe, por supuesto, a que una mujer sea candidata a la Presidencia, pues antes que ella lo fue Gladys Marín, más aún si hasta hace menos de un año era aquélla una eficiente y estratégica –aunque discreta- ministra de Salud y luego de Defensa del gobierno de Lagos. La sorpresa vino a continuación: sin haber ingresado todavía a la arena política contingente y menos aún haber anunciado siquiera el inicio de una campaña, apareció en el primer lugar en las encuestas sobre preferencias políticas, superando por clara ventaja nada menos que a Lavín, el “seguro” próximo Presidente desde que estuviera a punto de derrotar a Lagos en los comicios anteriores.

A partir de entonces, esta mujer médico, hija de un general de aviación que trabajó en el gobierno de la Unidad Popular y murió torturado durante el régimen militar, ha hecho suya batalla tras batalla, cada vez con menor oposición: contra Soledad Alvear obtuvo la candidatura única de la Concertación eximiéndose de primarias; contra Lavín, quien nunca ha podido acercársele en los sondeos; hasta contra la derecha en pleno y reforzada –o dividida- por Sebastián Piñera. Esta trayectoria, llena de letras íes -invicta, impecable, inédita, insólita- la tiene hoy, a pocos meses de la votación, con proyecciones de alcanzar incluso la mayoría absoluta, según otra encuesta, lo que le permitiría de paso postergar a sus aún atónitos rivales hasta al menos bien entrado su eventual gobierno. Todo eso en unos cuantos meses más disfrutados que soportados, con una sobria exposición pública a través de la televisión y los diarios, de formales visitas a diversas poblaciones del país y de una no muy sustanciosa asistencia a determinados foros públicos. ¿Dónde están sus ideas políticas, sus propuestas económicas y sociales, su diagnóstico sobre la situación de los chilenos? ¿Sólo en un par de amenos sitios web? Cuando a una pobladora que la avivaba se le preguntó por qué iba a votar por ella, contestó que no sabía exactamente. No era su culpa. Uno de los propios dirigentes de la Concertación –democratacristiano- admitió incluso que todavía, a sólo cuatro meses de la elección, no llegaban a un acuerdo con el resto sobre un programa
de gobierno.

Construyendo opinión

¿Por qué Michelle Bachelet aparece entonces con tantas posibilidades de ganar una elección presidencial y convertirse en la primera mujer chilena en ser Presidenta de la República? La respuesta la tienen los directivos de los centros de estudios de opinión que han realizado y divulgado los sondeos, y los dirigentes y expertos políticos que fueron capaces de concebir una figura convincente en un contexto apolítico y mercadista. En este escenario, donde no se observa nada radical en juego, no es extraño que una mujer de intereses y recorrido ajenos al campo político, pero simpática, mesurada y muy profesional, haya desarrollado una carrera meteórica de la mano del llamado “estilo mediático”, es decir, a través del impacto periódico producido por los resultados de un trabajo técnico, como las encuestas, transmitido con el sobredimensionado poder público que manejan actualmente los medios de información masivos. Quizá el historiador Alfredo Jocelyn-Holt lo resumió con la polémica y célebre pregunta-respuesta que enrostró a Bachelet ser “un producto mediático, populista, una carta tapada, no reconocida aún, de la fuerza militar”, que borró de un plumazo la cordial sonrisa de la candidata y la dejó sin respuesta.

Los electores estarían siendo inducidos así por una estrategia comunicacional sustentada en pequeños segmentos de la ciudadanía y no por una campaña político-partidista representativa de grandes grupos sociales. La antropóloga estadounidense
Julia Paley, quien trabajó en la población La Bandera, ahorra precisiones al respecto:

La represión militar fue reemplazada por estrategias como los sondeos de opinión pública, los llamados oficiales a la participación ciudadana y los procesos electorales.

Este “uso y abuso” de las encuestas, prosigue, serían parte de un “engañoso marketing” democrático neoliberal consistente en “construir” una opinión pública determinada y devolverla al “ciudadano consumidor” como si fuera su propia opinión. En otras palabras, como un boomerang.

No se trata de desacreditar el trabajo de los encuestadores, sean éstos relativamente nuevos, como El Mercurio-Opina y Feedback-La Tercera, o ya duchos, como el Centro de Estudios Públicos (CEP), el Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC), Time Research, Gemines y otros, sino de preguntarse por qué los partidos políticos les han cedido su responsabilidad hasta tan cerca del acto más decisivo para ellos y el país. Es cierto que el elector común de hoy, más que nunca quizá, es renuente a la política y prefiere opciones distintas, marginales a ésta y más bien cotidianas, cuyo principal representante sería Bachelet. También resulta evidente que la agitación pública como demanda por cambios sociales es cosa del pasado, ya que todos, gobernantes y gobernados, parecen estar de acuerdo en que el sistema de mercado imperante no sólo es el mejor posible, sino también incontrarrestable y mundial. Es explicable entonces que las elecciones no causen ya tanta urgencia en el estamento político por presentar líderes con raigambre social o contenidos renovadores de fondo. El “ciudadano consumidor”, a su vez, suele ser exigente en lo económico pero indiferente en lo político.

Así, mientras los reales conductores del país no sean el auténtico liderazgo y los programas de gobierno, sino figuras generadas comunicacionalmente, los centros de estudios de opinión seguirán orientando en la práctica nuestras preferencias ciudadanas en lugar de los partidos.

Julio Frank S.

Foto: bacheletpresidente.cl

The boomerang Bachelet

* Presidential candidates used to sweat a lot trying to win an election. In the case of Michelle Bachelet, there are someone else perspiring instead of her.

Elections in Chile and other countries of democratic tradition have been considered as a valve of escape of the own social effervescence of each epoch and, at the same time, like a fence of contention that, nevertheless some confused and tense details, has avoided whereto has been able ill-fated consequences. Therefore, among others causes, image of candidates, particularly the presidential ones, has remained such as a kind of people pressed by presenting to citizenship a brilliant or at least known and irreproachable career as well as a preparation and unquestionable personal commitments, besides being leaned to a party or a coalition of parties so strong as credible. And once elected, what winner must expected was not exactly a relaxing job.

Arturo Alessandri could ratify this properly as a central figure of two crucial periods in Chilean history of 20th century-in 1920’s presidential elections, his resisted triumph over Luis Barros Borgoño implied the end of an elitist conduction of the country and the start of deep social reforms, and 1932’s closed a parenthesis of severe political crisis. Likewise, victory of Carlos Ibáñez del Campo in 1952 intended to “sweep off” traditional politics already discredited, while the final election of Salvador Allende over Jorge Alessandri in 1970 represented the unexpected beginning of all our painful recent history and that of Patricio Aylwin in 1989 permitted to leave behind an authoritarian regime that seemed not to be an end. Finally, voting in following “democratic transition” has also had something of that overloaded and disturbing atmosphere that usually surrounds definition of somewhat important-so as large difference between Eduardo Frei Ruiz-Tagle and Arturo Alessandri Besa in 1993 and the narrow amount of Ricardo Lagos over Joaquín Lavín in 1999, which permitted to winners maintaining far away from power of something like an heirs of former military rule.

Campaign of “un”

That was, in a wide sense, the electoral history read, listened and suffered by any Chilean. Today, however, setting has changed abruptly but not due to a woman be a presidential candidate, as Gladys Marín was before her, nor she has been a self-restraint although efficient and strategic Health and then Defense minister of Lagos’ administration. Surprises came from two facts-first, she appeared leading in all surveys about political matters, surpassing for clearly advantage Joaquín Lavín, the favorite politician to be the next President of Chile since he almost defeated Lagos in previous voting, and secondly, she has not entered into political field at that time nor even announced the start of some campaign.

Since then, this pediatric physician, daughter of a Chilean Air Force general who participated in socialist government of Allende and died by tortures during first period of Pinochet’s regime, has going winning battle after battle, each time with even smaller opposition. Against Soledad Alvear she’s automatically got the unique candidacy of ruling Concertación de Partidos por la Democracia, Lavín has never been able to approach to her in polls and that’s the same about a plenty of right-wing parties strengthen, or maybe divided at a time, by Sebastián Piñera. This “un” route -unbeaten, unusual, unprecedented- is giving her, just a few months near to voting, big possibilities of conquest first and absolute majority of voters, as polls says, what would furthermore permit her taking control over her still amazed competitors along at least the beginning of an eventual administration. And all of that happened in a less-than-a-year and a rather joyful than weary work, including a moderate public exposition through TV and newspapers, formal visits to diverse populations of the country and some and not precisely substantial attendance to specific public forums. Where are her political ideas? And her social and economic proposals? Her analysis about Chilean people’s situation? In a pair of mild websites only? When a playful woman supporter from a low social group was asked why she would supposedly go to vote for Bachelet she answered she didn’t know exactly. It was not her fault-one of the own leaders of the Concertación, a member of christian-democrat party, admitted they haven’t arrived at an agreement about a government program yet despite the elections date be only four months forward.

Building opinion

Why does Michelle Bachelet appear then with so many possibilities to gain a presidential election and become the first Chilean woman in being a President of Republic? As chief executives of opinion studies centers who have carried and features out polls as leaders and political experts who were capable to conceive a convincing figure in a non-political and economists circumstances have the answer. In this setting, where nothing radically profound seems to be in the game, is not such as strange that a woman with a curricula and interests so far from traditional politics, but nice, temperate and quite professional, have begun a meteoric career by the hand of so-called “media style”, that is to say, by means of customary impact produced by results of a technical task like surveys but transmitted by the overhanging power that mass communication media nowadays handle. Perhaps the historian Alfredo Jocelyn-Holt summarized that with his controversial question-answer that charged Bachelet to be “a populist, a media product and an ace not uncovered and nor recognized yet of military force”, which shifting erased candidate’s gentle smile and put her into no-reply.

Voters would be being induced thus by a communicational strategy held up by small segments of citizenship and not by a political-partisan campaign being representative of large groups of society. The American anthropologist
Julia Paley, who worked in Chilean population La Bandera, saves precision on that when she affirms that:

Military repression was replaced by strategies as the polls of public opinion, the government’s calls to civic participation and the electoral processes.

This “use and abuse” of surveys, she continues, would be a part of a “deceitful marketing” of neoliberal democracy consisting in to “build” an specific public opinion and then to return it to “purchasing citizen” as if it were his own opinion. In other words, like a boomerang.

It’s not a matter of being discrediting the work of pollsters, some of them relatively new like El Mercurio-Opina and Feedback-La Tercera, another already experts like Center of Public Studies (CEP), Center of Studies of the Contemporary Reality (CERC), Time Research, Gemines and others, but of being oneself asked why have political parties yielded their responsibility in a period so near the most conclusive act for them and for all people. It is certain that the ordinary voter is today, perhaps more than ever, unwilling to politics and they rather prefers some different and nearly domestic options, whose main representative would be Bachelet. It also appears that street protests as a way of demand for social changes are a thing from the past since everyone, as rulers as governed, seems to agree with prevailing market system is not only the best possible but also unbeatable and worldwide. It is easy to understand that elections cause not already so much urgency in political class about presenting leaders having population roots or government programs introducing fresh ideas. At the same time, that “purchasing citizen” used to press in economic affairs but be indifferent in political ones.

Thus, while real conductors of the country be not an authentic leadership and government programs but some figures communicationally generated, opinion studies centers will continue guiding our civic interests instead of political parties.

Julio Frank S.


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El boomerang Bachelet/The boomerang Bachelet

3 Comments:

  • Análisis serio y ponderado, con el que concuerdo. Únicamente me hubiese gustado una columna más breve, conociendo como creo conocer al lector de blog. Lo breve es más leído. Salud.

    By Blogger dr. Vicious, at 18/8/05 12:53 PM  

  • No era un tema para ser breve. En todo caso, elegiré en adelante otros menos extensos.

    By Blogger Austral, at 18/8/05 6:14 PM  

  • Lo bueno si breve dos veces bueno tío Julchus. Ni tio dice así.

    By Blogger ElMonito, at 18/8/05 6:23 PM  

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