.comment-link {margin-left:.6em;}

{ NOTAS AL MARGEN } ©

8.3.15

Políticos maculables, pero votados

Aunque se les someta a escarnio público por su cometido y manejo financiero, políticos de diferentes colores se muestran inmunes a todo juicio, confiados en que ni siquiera una mala imagen impedirá que el elector les siga legitimando en las urnas. 

Al ventilarlo enfrente de una de las mayores audiencias del país, la del Festival de Viña de Mar, el humorista León Murillo promulgó un tema que los chilenos ven, escuchan y sufren a diario aunque no quieran convencerse todavía de su trascendencia: la “clase” política, aquellos ciudadanos a quienes otros ciudadanos dan periódicamente la responsabilidad de conducir la nación, está cayendo cada vez más bajo. Ya no se trata sólo de que haya legislado prioritariamente en favor de pequeños grupos con grandes intereses y postergado a la mayoría, sino que en los últimos meses han estallado diversos escándalos político-financieros que han involucrado a un sector fundamental de la derecha, aludido en un momento dado a la izquierda comunista y alcanzado incluso al círculo familiar de la Presidenta Bachelet.

Los controladores del grupo económico Penta encabezan la nómina de formalizados y encarcelados por presuntos fraude al Fisco y soborno en relación con el financiamiento empresarial de campañas electorales, aunque no figuran, hasta ahora, los políticos favorecidos. El fiscal a cargo acotó que si no hubiera habido prescripción de esos delitos, tendría que haberse investigado desde 1990 (después de Pinochet). 

En la Quinta Vergara, León Murillo ironizó sobre el hecho de legislar contrariamente a las necesidades populares, los abusos institucionalizados en el trabajo, la previsión social y la salud, la insólita similitud ideológica entre derecha e izquierda y denostó, como contrapartida, el afán parlamentario por subir aún más el estatus propio sin reparar en gastos… fiscales, por supuesto. Más de diez mil personas, no acostumbradas a este contenido en espectáculos tan masivos –transmitió la televisión abierta-, aplaudieron con cierta moderación.

¿Rechazo y menosprecio merecidos? 

Quizá no se recuerde que muchos de los vilipendiados lucharon y se arriesgaron en el pasado ante una feroz dictadura para reivindicar y proponer una democracia auténtica, en tanto otros se allanaron a ponerse de acuerdo con ellos para intentar un tránsito con tal sentido. Así pudo haber Presidentes, legisladores y alcaldes libremente elegidos, información y entretención mediáticas sin censura oficial y derechos humanos progresivamente reconocidos y consagrados.

Casi todos, además, fueron capaces de asimilar el principio económico de libre empresa heredado del régimen militar con la nueva tendencia neoliberal propulsada por las potencias occidentales. Crearon, por ejemplo, un vasto y efectivo sistema crediticio que ha permitido a gran parte de la población chilena acceder a bienes, servicios y tecnologías modernas que los ingresos habituales de ésta les habían negado.

Fueron capaces, asimismo, de estimular, favorecer, acrecentar y garantizar la inversión, nacional y extranjera; de abrirse a los mayores mercados del mundo, asegurar el control del gasto del Estado, consolidar la marcha de la economía y dar al país una imagen internacional ejemplar en este aspecto.

¿Por qué tanta animadversión? 


Habrá que reiterar, sin embargo, que no rechazaron ni quisieron terminar con todas las injusticias y dogmas instaurados por la dictadura, especialmente lo principal: la proscripción del pueblo ciudadano como responsable de su propio país. Prefirieron desmotivar y desarticular la participación social en la reconstrucción nacional para no causar problemas a la transición. Los chilenos nos vendríamos a enterar varios años después de que lo que habíamos aprobado como reformas “democratizadoras” de la Constitución de Pinochet en 1989 había sido en realidad una transacción secreta entre los políticos triunfadores en el plebiscito, que cedían inesperadamente poderes y derechos, y los pinochetistas perdedores, que los ganaban aun derrotados.

Habrá que admitir también que lo que se ha extendido es más bien una sensación de prosperidad, basada en el endeudamiento sistemático, expedito e indefinido por bienes y servicios deliberadamente desechables y en la exacerbación publicitaria de un instinto consumista sin reposo. Las empresas acreedoras han logrado así una estabilidad básica y unilateral para proyectarse a futuro y acceder a nuevas inversiones, nuevas utilidades y… nuevas acreencias, seguras, además, de que los conductores del país seguirán rechazando ideas que no apruebe la megapotencia libremercadista de la que se declaran socios históricos.

Esta prosperidad diametralmente desigual y la democratización a medias fueron objeto del programa de gobierno de la actual Presidenta, pero ésta se ha encontrado no sólo con el obstáculo de siempre, la derecha protegiendo la herencia dictatorial, sino también con oposición también dentro del oficialismo y escándalos financieros incluso dentro de su propia familia. Más aún, su mayor impedimento, como el de todos sus predecesores, es no querer abjurar del modelo político y económico que heredó, de ahí que haya depositado sus reformas en un Congreso políticamente desacreditado y sus anuncios sobre una nueva Constitución en un próximo y misterioso “proceso de participación ciudadana”. Ha rehuido hablar de Asamblea Constituyente, diciendo indirectamente al pueblo -coincidiendo con el fallecido dictador- que es insensato para decidir su propio destino.

¿Reprobación generalizada? 

La escasa estima ciudadana por la política, el Parlamento y las principales coaliciones ha sido registrada sostenidamente por encuestas de opinión pública, según las cuales aquéllos han caído hasta debajo del 20 por ciento, así como por un paulatino descenso en la participación electoral, de hasta el 60 por ciento. Sin embargo, las encuestas tienen limitaciones y permiten sólo una proyección hacia el total, en tanto la baja concurrencia a las urnas no implica tajantemente un rechazo a la política como tal.

Lo concreto es que el 40 ó 50 por ciento restante sigue relegitimando fielmente con sus votos a los actuales políticos, nuevos y antiguos, ignorando el sistema binominal legado por Pinochet y eligiendo a candidatos de los dos pactos de siempre: la Concertación –hoy “Nueva Mayoría”- y la Alianza. La reacción moderada de los asistentes al Festival de Viña del Mar, que escucharon una síntesis humorística sobre algunas de las injusticias más graves contra la población, identifica esa suerte de acatamiento, público, notorio y más bien timorato, del “mal político menor”.

Se critica ácidamente a los políticos y con fundamento, enrostrándoseles en definitiva que rescataron el poder ante un dictador sólo para construir una sociedad desigual y sin ética, pero de ahí a querer quitarles el pedestal al que se les ha subido y entrar a un cambio de reglas…

¿Desidia? ¿Conformismo? 

En realidad, no se detecta el grado de ingratitud popular que algunas manifestaciones públicas parecieran revelar. Lo definitorio, al menos hasta ahora, sigue siendo esa alianza no programada entre quienes han votado regularmente por la política de siempre y quienes, alejándose de los locales de votación, no han querido hacerlo por algo distinto.

Ante esta ambivalente actitud, sería extraño que los beneficiados dejaran de actuar como lo han hecho durante más de 20 años. Bachelet –un fenómeno electoral inédito- ya anunció su intención de terminar con los escándalos por el financiamiento politico mediante, una vez más, nuevas comisiones asesoras y nuevas leyes. Un blanqueo legislativo, un autoperdonazo, opción que, naturalmente, provoca gran beneplácito en los más comprometidos.

Si los votantes, también una vez más, lo toleran, seguiremos teniendo una “clase” política aferrada no importando cómo al sistema que ella misma ha construido y, como los vendedores y cantores ambulantes que ya invaden el ferrocarril metropolitano, pidiendo “lo que sea su voluntad”.

Julio Frank S.

Etiquetas: ,

Políticos maculables, pero votados

17.2.15

Una isla en el sur de Chile


Hay poco más de 350 habitantes y sólo 12 kilómetros cuadrados, pero mucho más actividad que la imaginable: agricultura, crianza de salmones, religiosidad, leyendas y turismo.

Se trata de la isla de Chelín –“cerro pequeño” en lengua de los chonos-, en la también insular provincia de Chiloé, sur de Chile, a dos horas de navegación desde la ciudad de Castro, la capital provincial, fundada en 1567.


Su iglesia Nuestra Señora del Rosario, Monumento Nacional, es uno de los 16 templos chilotes declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Un antiguo y rústico cementerio, un astillero y un mirador para atisbar panorámicamente la belleza del lugar atraen también la atención.

Un tónico contra el estresante trabajo anual, los pelmazos que nunca faltan y los escándalos político-económicos, que han arreciado este verano austral más al norte.

J.F.S.

Fuentes: Hostel Entretenido ChiloéWikipedia.org

Etiquetas: ,

Una isla en el sur de Chile

21.1.15

68,1% cree en la Asamblea Constituyente en Chile


El Estudio de Valores Sociales 2015 de la Universidad de Santiago de Chile (Usach) reveló que el 51,1 por ciento de las personas encuestadas opina que una nueva Constitución Política del Estado debe ser encargada por el Congreso Nacional a una Asamblea Constituyente y el 17,0 por ciento, que debe ser elaborada por una Asamblea Constituyente convocada por las organizaciones sociales del país. Apenas el 2,6 por ciento estima que debe ser elaborada y aprobada por el Congreso Nacional.

Etiquetas: , ,

68,1% cree en la Asamblea Constituyente en Chile

7.1.15

“Chile está un poco dormido”

“Me llamó mucho la atención que en un colegio, donde no hay muchos recursos, todos anduvieran con sus (teléfonos) celulares bonitos. Yo creo que hay un exceso de consumismo, de propaganda en televisión. Hay mucha televisión y la televisión adormece. Puedo estar equivocado, pero me da la impresión que Chile está… un poco dormido”. 

Claudio Narea, ex integrante del conjunto musical “Los Prisioneros”. 

 Fuente: Pablo Márquez, revista “En Acción”, Fundaciones Hogar de Cristo, diciembre de 2014. 

Etiquetas: ,

“Chile está un poco dormido”

18.12.14

Para que el gol vuelva a ser el mismo


En el fútbol de hoy, unos siguen creyendo que existe romance, otros admiten que lo han perdido y quieren recuperarlo, mientras algunos alientan más el negocio latente. 

En el auditorio del Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile se realizó, el sábado 13, la Cuarta Asamblea de Hinchas Azules, una nueva organización social dedicada a recuperar una institución socio-deportiva que, fruto de diversos sucesos políticos, dejó de serlo para convertirse en una empresa productiva y de negocios, aun conservando bajo arriendo el nombre original. Una situación y acción similares y paralelas involucran al colectivo “Colo Colo de todos”. 

El fútbol y una pelota inflando la red deberían provocar en los hinchas esencialmente la misma reacción, la misma euforia. No tendría por qué ser de otro modo, si se trata precisamente de eso: de borrar todas las diferencias, discrepancias y desigualdades para ponerse, al unísono, en sintonía y en comunión en el goce de la máxima expresión del balompié. 

Pero ocurre que, en este nuevo y legalizado escenario, el gol ya no sólo es registrado por las pulsaciones cardíacas y el tablero marcador del estadio, sino también por el movimiento de la bolsa de comercio y las cuentas bancarias. 

Desde que este deporte, el más masivo y cautivante de todos, ha sido incorporado a la lógica calculadora y pragmática del negocio financiero, un balón ingresando al arco rival llega a generar distintas emociones o, al menos, diversas variedades de las mismas. La emoción de un hincha común y corriente, anónimo y ajeno a la marcha administrativa de sus colores, no podría ser confundida con la de un gran empresario o alto ejecutivo de la empresa propietaria –o concesionaria- de dicha enseña. La euforia del primero, ajena al contacto físico o material, proviene más bien de un simple sentimiento platónico, alimentado por un hecho bañado en simbolismo; la del segundo, en cambio, va más allá del juego y se deposita en el concreto y crudo, aunque también seductor, mundo de los negocios privados. 

Al interior de la propia hinchada anónima hay sensaciones encontradas: unos celebran los triunfos sin importarles cómo se gestan y quiénes lo hacen desde fuera de la cancha; otros, a quienes esto sí importa y determina, los asumen con un dejo de amargura al comprobar que cada vez se les margina más de su participación en ellos. 

En la práctica, unos avivan una entelequia, algo que parece ser, pero que ya no es (institución deportiva); otros, un deseo, que eso que ya no es vuelva a ser; los terceros, en cambio -sin evasivas ni contradicciones-, algo real y tangible, nada de simbólico, porque debe necesariamente redituar en dinero (empresa comercial). 

No por casualidad 

Para que esto sucediera en Chile debió irrumpir una dictadura, contraria, por definición, a cualquier manifestación social no controlada ni controlable. El poder autoritario presionó a los dos clubes más populares, en el primer caso comprometiéndole la gestión administrativa al destinarle recursos directos y, en el segundo, despojando a la universidad estatal madre de su cobertura nacional y dejándola bajo un régimen de cuasi-autofinanciamiento. 

Después llegaron los políticos de profesión, también contrarios, aunque no por definición, a cualquier manifestación social que se aleje del concepto partidista de democracia, los que dieron un doble golpe de gracia: persiguieron las deudas de ambas instituciones a través del Estado –Impuestos Internos y Tesorería, respectivamente- hasta la quiebra de ellas y aprobaron una ley de sociedades anónimas deportivas que declara al fútbol profesional un emprendimiento privado con fines de lucro. 

Así, tenemos hoy ex clubes o corporaciones deportivas cuya gran raigambre y convocatoria popular fue transformada, o se pretende transformar, en una colosal y disciplinada clientela que reemplace a la impredecible y molesta hinchada; en un mercado cautivo para productos e inversiones privadas que, en el marco de la economía ultraconsumista imperante, constituye un campo despejado para conglomerados económicos y financieros nacionales y transnacionales, para los que el fútbol es una pequeña parte de sus inmensurables negocios y preocupaciones… Algunos de sus miembros, peor aún, alcanzados por escándalos político-financieros. 

En la prensa deportiva no se objeta todo esto; dada la abundante publicidad de esos mismos sectores, sería un autogol. 

Sentido 

En este contaminado ambiente, en el que no prevalece la comunidad sino determinadas sociedades particulares, es explicable que el gol ya no signifique lo mismo para todos los fanáticos. 

Afortunadamente, todavía quedan remeros contra la corriente, que se han organizado para reclamar e intentar una salida. ¿Cuál? No hay muchas, pero debiera tener el mismo punto de partida que en cualquier ámbito del quehacer humano: devolver el sentido –o la cordura- a la vida en sociedad.

Julio Frank S.

Foto: IV Asamblea de Hinchas Azules, 13 de diciembre de 2014, Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile, www.facebook.com

Etiquetas: , ,

Para que el gol vuelva a ser el mismo

1.12.14

Solamente azul

“Quienes nos hemos juramentado recuperar el Club lo hacemos porque nos negamos a renunciar a lo que la ‘U’ representa: libertad, comunión y camaradería. Nos negamos a aceptar que nos quiten todo aquello en lo que creemos y amamos. Nos rehusamos a ser hinchas de una empresa. Queremos volver a los orígenes, recuperar el misticismo y el romanticismo. Queremos poder enfrentar a la historia con la frente en alto y no avergonzarnos ante nuestros hijos cuando nos hagan esa inevitable pregunta: ‘¿Qué hiciste tú por la ‘U’’?”.

Andy Zepeda, “La ‘U’: la importancia de volver a ser club”.

Fuente: elmostrador.cl, 28-11-2014.

Etiquetas: , ,

Solamente azul

23.11.14

La AC en la calle este domingo


Fuente: @MarcaAC

Etiquetas: , ,

La AC en la calle este domingo

18.11.14

Marcha por la Asamblea Constituyente


Fuente: @MarcaAC


Etiquetas: , ,

Marcha por la Asamblea Constituyente

3.11.14

Manifestación ciudadana por una verdadera democracia


Etiquetas: , ,

Manifestación ciudadana por una verdadera democracia

21.10.14

Patético debate político sobre nueva Constitución

Conductores de la política chilena reiteran argumentos evasivos y pueriles, algunos parecen suplicar un acuerdo y otros están en franca campaña contra la Asamblea Constituyente. Y los medios masivos les ayudan evitando que este tema llegue a la mayoría de la población.

Se trataba de precisar, en el simbólico edificio del Congreso Nacional en Santiago, el pasado viernes 10, los problemas más graves de la aplicación de la Constitución de Pinochet reformada a un régimen supuestamente democrático como el chileno. Y de plantear una solución. 

Entre quienes estaban dispuestos a responder había “pesos pesados” de la política chilena, como el presidente del Partido Socialista y diputado Osvaldo Andrade, el “hombre fuerte” de la Democracia Cristiana y ex diputado Gutenberg Martínez, el senador y líder del Partido Por la Democracia, Guido Girardi, y –más importante aún- dos senadores de partidos surgidos para proyectar el legado político de la dictadura: Hernán Larraín (Unión Demócrata Independiente) y Alberto Espina (Renovación Nacional). Si fuera poco, estaban también reconocidos juristas, como el jefe del equipo de constitucionalistas del gobierno de Michelle Bachelet, Francisco Zúñiga; otro integrante de aquél, Fernando Atria, y el ex miembro del Tribunal Constitucional Jorge Correa Sutil. Era un panel como para despejar dudas y satisfacer en alguna medida los objetivos de asistentes y organizadores del seminario “El problema constitucional y su solución” –fundaciones Chile 21, Ebert y Progresa-, sin embargo… 

Ex Concertación 

En la hoy “Nueva Mayoría” gobernante, Gutenberg Martínez (DC) se limitó a repetir el contenido de las principales reformas a la actual Constitución acordadas por su partido y no fue al fondo del asunto. Guido Girardi (PPD) intentó dar (¿o suplicar?) algunas luces reiterando la necesidad de una Asamblea Constituyente como “la oportunidad” para relegitimar la política. Osvaldo Andrade (PS) fue incluso dramático al recordar a sus compañeros asesinados por la dictadura, pero ambiguo al exponer su opinión sobre el tema en debate: precisó enfáticamente, primero, que la Presidenta Bachelet no prometió una Asamblea Constituyente y enseguida ironizó anunciando que si la hubiera, él se presentaría como candidato (aunque legalmente no podría hacerlo como diputado en ejercicio). Lo más insólito en este caso es que Andrade presentó en 2011, junto a otros diputados de la entonces Concertación, un proyecto de ley destinado a establecer en Chile la institución de la Asamblea Constituyente. 

La derecha 

Los más sonrientes, una vez más, por este amasijo concertacionista fueron los dos representantes de la derecha, Hernán Larraín (UDI) y Alberto Espina (RN), aunque su respectiva intervención no tuvo qué envidiarle. Ambos reconocieron que el origen de la Constitución de 1980 –aún vigente con un centenar de cambios no estructurales- no tiene carácter democrático, pero aseguraron que en sí misma sí es democrática. Larraín agregó que no cree que los actuales problemas se resuelvan mediante una nueva carta constitucional, que la Asamblea Constituyente se justifica sólo en períodos de crisis y que, además, ésta es “irresponsable”, porque una vez terminado su trabajo, desaparece. Habría que creerle, porque en 2013 informó sin inmutarse que un proyecto de reforma destinado a instalar una cuarta urna, a modo de plebiscito, en las elecciones presidenciales de ese año no pudo ser tramitado por… haberse realizado ya dichos comicios. Espina, a su vez, calificó las críticas como meras “consignas”, admitiendo sólo un posible “perfeccionamiento” de la norma en vigor en determinadas materias, como el papel del Estado. 

Juristas 

Y si alguien buscó un oasis de brillantez escuchando a los juristas, terminó peor. Aunque Fernando Atria, integrante del equipo constitucionalista asesor de Bachelet, reafirmó que no es factible una reforma a la actual Constitución que permita una nueva, debido a que ésta fue hecha precisamente para no hacerlo posible, Francisco Zúñiga, el jefe de dicho equipo, reiteró que la prioridad debía estar justamente en ese tipo de reformas, emanadas de un acuerdo político en el Parlamento (es decir, que sean los elegidos mediante la Constitución de 1980 los que cambien la Constitución de 1980). Y si bien admitió que el poder constituyente originario –la soberanía popular- puede ser “institucional”, advirtió sobre la existencia de “fetichismo” por la Asamblea Constituyente. Jorge Correa Sutil enredó todavía más el tema al manifestar un pesimismo generalizado y centrarse en la necesidad de mayor debate entre políticos. 

Al final, el más simple y directo pareció el solitario ex senador y ex concertacionista Carlos Ominami –aun atónito por la intervención de Osvaldo Andrade-, quien reiteró su propuesta de plebiscito nacional para definir el desacuerdo. Solitario, además, porque -contrariamente a la cobertura mediática del fútbol y la farándula- escasearon las cámaras y los micrófonos que no fueran de los organizadores. 

Otros anticonstituyente 

Pocas horas después, el presidente de la comisión de Constitución del Senado, Felipe Harboe (PPD), senador de la “Nueva Mayoría”, reanudó en Chillán su campaña por una nueva Carta Fundamental basada en los llamados “cabildos” comunales. Su intención, como la de su par de la Cámara de Diputados, Ricardo Rincón (DC), es escuchar opiniones de los asistentes de la respectiva comuna con el fin de elaborar posteriormente un texto refundido de proyecto de nueva Constitución. 

Políticos patéticos, país sin rumbo, considerando que la Asamblea Constituyente no es más que el mecanismo democrático por excelencia para hacer participar, legalmente, a todos los ciudadanos de un país en la elaboración de la norma fundamental que les regirá. Sobre todo si la actual les negó tal derecho y sufren sus consecuencias. 

Julio Frank S.

Imagen: Afiche del seminario

Etiquetas: , ,

Patético debate político sobre nueva Constitución