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{ NOTAS AL MARGEN } ©

18.6.14

Bancada parlamentaria por la Asamblea Constituyente


“Los hombres y las mujeres que ejercemos el mandato por ustedes conferido como legisladores de la nación levantamos la gran promesa de impulsar y defender el establecimiento de una Asamblea Constituyente para dar nacimiento a la nueva Constitución que merece nuestro país”, señala el manifiesto difundido incluso por parlamentarios de oposición. 

“Creemos firmemente que una Asamblea Constituyente es el ejercicio más profundo y democrático de soberanía que puede darse un pueblo. Estamos absolutamente convencidos de que éste es el procedimiento que reúne los requisitos de un mecanismo institucional, democrático y participativo”, agrega.


Los diputados Claudio Arriagada y Yasna Provoste (DC); Maya Fernández, Leonardo Soto, Daniella Cicardini y Daniel Melo (PS); Cristina Girardi (PPD); Giorgio Jackson (Revolución Democrática); Gabriel Boric, Iván Fuentes y Vlado Mirosevic (independientes), Guillermo Teillier, Camila Vallejo, Lautaro Carmona, Karol Cariola, Hugo Gutiérrez y Daniel Núñez (PC) constituyeron la llamada “Bancada Transversal de Parlamentarios por la Asamblea Constituyente para un nuevo Chile” y se comprometieron, a través de un manifiesto, “a trabajar con todas nuestras fuerzas” para hacer posible el establecimiento de ese procedimiento democrático para generar una nueva Constitución.

Adhieren también el diputado Gaspar Rivas (Renovación Nacional) y los senadores Alejandro Guillier (PRSD); Alfonso De Urresti y Juan Pablo Letelier (PS), Guido Girardi (PPD) y Antonio Horvath (independiente).

El manifiesto señala textualmente:

Ciudadanos y ciudadanas de Chile: 

Hoy, de pie ante nuestro pueblo, los hombres y las mujeres que ejercemos el mandato por ustedes conferido como legisladores de la nación levantamos la gran promesa de impulsar y defender el establecimiento de una Asamblea Constituyente para dar nacimiento a la nueva Constitución que se merece nuestro país. 

Nuestra carta magna no refleja una visión consensuada sobre lo que constituye el interés general y tampoco interpreta el sentir de los chilenos sobre las normas que deben delinear el funcionamiento de nuestra democracia. Es una Constitución ilegítima, impuesta por la fuerza y, fundamentalmente, anclada en un Chile muy distinto al actual. Con todo, el espíritu que nos convoca no tiene que ver con rencillas del pasado o con ánimos revanchistas, sino más bien con el compromiso auténtico de quienes creemos que es posible una Constitución nacida en democracia. 

Lo que nos reúne es el convencimiento mayoritario y transversal de que una Nueva Constitución es posible y necesaria. Nuestra democracia necesita de nuevas reglas para fortalecerse, renovando el pacto social y devolviendo al ejercicio de la ciudadanía su carácter esencialmente colectivo. Y es precisamente por ese carácter colectivo que creemos que la reflexión debe ser no sólo sobre el resultado y el contenido, sino también sobre el proceso de deliberación previo. 

Por primera vez en su historia, Chile se enfrenta a la oportunidad de generar una Constitución creada por sus propios ciudadanos, sentados en una misma mesa, en plena condición de igualdad y decidiendo en conjunto su destino. 

Creemos firmemente que una Asamblea Constituyente es el ejercicio más profundo y democrático de soberanía que puede darse un pueblo. Estamos absolutamente convencidos de que éste es el procedimiento que reúne en sí mismo los requisitos copulativos e indefectibles de ser un mecanismo institucional, democrático y participativo, que sirva para dar a luz a la nueva Constitución. 

La Asamblea Constituyente es más que un simple método y menos que un fin en sí mismo, es una demanda ciudadana por el derecho a decidir en conjunto sobre nuestras propias reglas, donde los ciudadanos presenten su visión de sociedad para ser contrastada y complementada. 

Y la razón que nos convence es la justicia, pues ésta sólo tendrá real cabida en nuestra sociedad cuando la norma fundamental que la sustente sea legítima, válida y eficaz, y será tal cuando derive del pueblo en el ejercicio soberano de su facultad como constituyente originario. 

Ya lo decía el Presidente Francisco Antonio Pinto en su discurso frente al Congreso para el establecimiento de la Constitución de 1828: ‘Entre nosotros las leyes son pactos fundados en el libre uso de nuestras prerrogativas. Su objeto no es tan sólo restringirlas, exigiendo de los pueblos deberes e imponiéndoles cargas. Con mucho más rigor tratan a los depositarios de la autoridad. Ellas les señalan un espacio limitado, les exigen un respeto inviolable a la voluntad de la Nación y a los derechos de los individuos; los convierten en verdaderos servidores de la causa pública, del pueblo mismo; en depositarios de su seguridad; en administradores de su riqueza; en barreras ante las cuales deben detenerse todas las usurpaciones y todas las injusticias’. 

Ese es el anhelo de justicia e igualdad que debe impregnar la nueva carta constitucional. La mejor forma de asegurar la participación de la comunidad política en su conjunto es por la vía de una Asamblea Constituyente. Es este anhelo el que hoy nos convoca a conformarnos la Bancada Transversal de Parlamentarios por una Asamblea Constituyente. 

Nos proponemos actuar de forma conjunta para respaldar cualquier iniciativa que le dé viabilidad institucional a la realización de una Asamblea Constituyente. Continuaremos impulsando el debate público en torno a su necesidad y sus atributos para generar una nueva Constitución. 

Prometemos trabajar con todas nuestras fuerzas para hacer posible el establecimiento de una Asamblea Constituyente que, por la razón y nunca por la fuerza, genere una nueva Constitución que sea válida, legítima y que, por sobre todas las cosas, sea una Constitución justa. 

Bancada Transversal por una Asamblea Constituyente.

J.F.S.

Fuente: elmostrador.cl

Foto: @camila_vallejo

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Bancada parlamentaria por la Asamblea Constituyente

19.5.14

El periodismo sigue con malas noticias


“El mejor oficio del mundo”, como lo definió García Márquez, continúa precarizado y tergiversado por intereses que promueven una sospechosa realidad “mediatizada” que ataca la principal potestad humana: el discernimiento. 

Los transeúntes y automovilistas que avanzaban por la avenida Vicuña Mackenna de Santiago el jueves 24 de abril se enteraron personalmente de la protesta laboral callejera realizada por decenas de periodistas y otros trabajadores de la comunicación del Consorcio Periodístico S.A. (Copesa), uno de los conglomerados empresariales dominantes en la prensa escrita chilena desde la dictadura. 

La manifestación no consiguió despertar demasiada empatía en quienes la observaban, quizá porque lo que estaban viendo no era más que la punta del iceberg de la penosa situación que arrastra el periodismo nacional desde que los políticos civiles reasumieran el poder en 1990 y decidieran que la libertad de expresión debía seguir bajo control, aunque en un sistema distinto. 

Realidad “mediática” 

Dos consorcios han dispuesto del mercado periodístico impreso chileno y de la agenda informativa nacional sin contrapeso, constituyendo un poder comunicacional privado que partió con Pinochet, cuyo régimen intervino para evitar la respectiva quiebra, y continuó con la generosa publicidad no sólo de las grandes empresas multinacionales y nacionales sino también del supuestamente nuevo y democrático Estado de Chile. Hoy ni siquiera está el diario estatal La Nación, cerrado por el pasado gobierno de Sebastián Piñera, y hay sólo cuatro periódicos diarios de circulación nacional: El Mercurio, La Tercera (Copesa) y sus correspondientes brazos faranduleros aliados con la programación de la televisión abierta, como son Las Ultimas Noticias y La Cuarta. A eso suman cadenas regionales, ademá de revistas, radioemisoras y medios digitales. 

La prensa “alternativa” cayó por un tobogán. Desaparecieron, ahogadas por la falta de avisaje, las combativas revistas contrarias al dictador y no necesariamente adictas a la Concertación, y hoy apenas asoman regularmente en los quioscos, con lastimeros titulares, los periódicos –no diarios- El Ciudadano, que ha recurrido incluso a la solidaridad pública para subsistir, y Punto Final, mientras El Siglo, del Partido Comunista, apoya ahora al gobierno de Michelle Bachelet. 

Radio 

En el dial de FM, dominado también por grupos económicos chilenos y extranjeros, prevalecen comentaristas -varios de ellos conductores de noticiarios de televisión- con la venia de los grandes avisadores, precisamente para que las informaciones y opiniones no excedan el modelo político-económico neoliberal y consumista sacralizado por la TV. Comparten ellos su cotización mediática con las empresas auspiciadoras y les anuncian personalmente las ofertas, en una contradictoria práctica que muestra independencia ante los políticos y relación con quienes publicitan, dejando perplejos al inerme Colegio de Periodistas de Chile (asociación gremial) y su Código de Etica Profesional. 

Se ofrece un intercambio de opiniones limitado, rengo, de salón; análisis de un entorno noticioso acotado e inexpugnable, sin posibilidad alguna de cambios de fondo y que omiten la fuente de origen: la herencia pinochetista. Una mirada distinta sólo asoma en estaciones universitarias, como la solitaria y escasamente auspiciada radio de la Universidad de Chile. 

Las salvedades quedan como anécdota. El periodista deportivo Aldo Schiappacasse se atrevió a grabar un spot para la campaña “Marca Tu Voto con AC” (Asamblea Constituyente) en 2013 y también a renunciar pocos meses después a Radio Cooperativa –ligada a la ex Concertación- para irse a Radio Bío-Bío, que se declara “independiente de verdad”. 

La TV 

De la televisión, mejor ni hablar. Vendidos sus principales canales privados (13, CHV, Mega) a consorcios nacionales y transnacionales y operando el estatal (TVN) también comercialmente, no debe extrañar que sus noticiarios se acerquen a la línea programática general, rebosante de ficción de bajo nivel y publicidad a todo minuto, y rehúyan de los hechos reales y sustanciales. Desfilan la delincuencia común, sin autores prominentes, las protestas sociales como violencia callejera y -para equilibrar la parrilla- fútbol millonario y novedades del mercado. Hay cierta cobertura política diaria… pasada la 1.00 A.M. 

.com 

Digitalmente, no podría haber comparación mientras el ciberespacio y sus activas redes sociales no logren el impacto emotivo-visual y la cobertura física de los medios tradicionales. No obstante eso, Ciper-Chile, el Centro de Investigaciones Periodísticas de Chile, ha hecho varios aportes informativos, claro que con el consentimiento de uno de sus mayores financistas… Copesa. Hay que agregar los resultados de elmostrador.cl, un medio también declarado independiente que ha conseguido posicionarse en las elites políticas, competir con las páginas web de las grandes empresas y obtener el financiamiento necesario. Otra salvedad. 

Distinguir o no distinguir 

Aunque el periodismo no da propiamente buenas o malas noticias, simplemente noticias, sí son malas cuando le afectan directamente al impedirle actuar en la forma y con la finalidad a que está obligado. Basta revisar el sitio del observatorio de medios Fucatel para comprobar el desolador panorama comunicacional público en esta democracia chilena -e internacional- a medias, plena de informaciones y curiosidades, pero escasa en noticias. De este modo, el ejercicio de la profesión originalmente tal –reporteo e investigación sobre hechos de actualidad difundidos públicamente- es limitado; muchos de los egresados de la carrera, provenientes de planteles que enseñan y titulan al margen de la demanda laboral, ha cambiado de giro: asesorías comunicacionales privadas a empresas e instituciones, servicios de tecnología e informática, decididamente otros rubros (corretaje, importaciones, etc.) o el deambular permanente en búsqueda de lo que fuere. 

¿Se puede esperar algo más de un periodista en un contexto ultraconsumista, sustentado en la compra-venta y cuyos administradores -y su electorado- no muestran intenciones de cambios radicales? 

Ahora bien, ¿qué gravedad tendría todo esto considerando que la sociedad y la gente evolucionan periódicamente? ¿Está en riesgo algo de verdad trascendente? 

Depende de la valoración de cada uno no sólo según sus sentimientos sino también, y principalmente, su raciocinio. En este caso, la fragilidad, indiferencia, aprensión o directamente temor con que las actuales audiencias reciben la información de medios así inspirados puede llegar a impedirles distinguir incluso entre el blanco y el negro, o simplemente, al aceptar a otros seres de carne y hueso como entes superiores, llevarles a una sumisión consciente y voluntaria. Dicha sumisión podría convencerles, por ejemplo, de que son incompatibles sus aspiraciones en el deporte, tan ensalzadas y con tanto financiamiento, con las de la política, rehuidas y reprimidas; de que ser campeones mundiales de fútbol sería la máxima gloria nacional y que crear un nuevo régimen de convivencia democrática a través de una Asamblea Constituyente, en cambio, sería la ruina del país. 

La libertad de expresión no se limita a la realidad “mediática” impuesta desde las elites, pues trata de defender el discernimiento plural y la crítica abierta, nada menos que la facultad diferenciadora del ser humano respecto de sus coterráneos. En esto que está en juego, el periodismo resulta fundamental y más vivo que nunca, lejos de extinguirse, como algunos poderes siguen pretendiendo. Si no fuera así, terminaría por ser definitivamente encubridor de una “evolución”, por decir lo menos, altamente sospechosa.

Julio Frank S.


Foto: Trabajadores de Copesa, Santiago, 24-4-2014. Tribuna Sindical

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27.4.14

Una larga vida por la Asamblea Constituyente

“El único camino que genera una Constitución Política democrática, perdurable, eficaz, es el poder constituyente emanado de la voluntad popular” afirmó en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, en diciembre de 2009, el jurista Jorge Mario Quinzio, dejando claro que las reformas a la Constitución vigente aprobadas por el Parlamento en 2005 no cumplían ese requisito. 
 
Así lo recordó el viernes 25 el coordinador nacional del Movimiento por una Asamblea Constituyente, Gustavo Ruz, en los funerales del longevo y destacado abogado y profesor titular y emérito de Derecho Político y Constitucional de la Universidad de Chile, de 95 años de edad, quien realizara una gran contribución a los fundamentos jurídicos, históricos y políticos de las demandas y esfuerzos ciudadanos en tal sentido. 

Alentado por las manifestaciones sociales de 2011, el académico elaboró la propuesta “Constitución Política para la República de Chile en el siglo XXI”, abierta a la comunidad para su discusión y perfeccionamiento. El trabajo contempla, entre otros capítulos, un Estado docente que otorgue educación pública gratuita, el agua como bien público, una nueva división regional según actividad económica, el derecho ciudadano a presentar proyectos de ley, la consagración del plebiscito nacional, un Defensor del Pueblo, un Congreso unicameral y otras propuestas, todas ellas basadas en un auténtico poder constituyente, que permita una Constitución que acoja a toda la sociedad, a todos los grupos sociales, especialmente los trabajadores. 

Ya en 1979, Quinzio participó en el llamado “Grupo de los 24” junto a Manuel Sanhueza Cruz, Enrique Silva Cimma y otros políticos y expertos constitucionalistas que plantearon la Asamblea Constituyente como alternativa democrática a la Constitución impuesta por la dictadura de Pinochet. “Que una Asamblea Constituyente, ampliamente representativa de todos los sectores y tendencias nacionales, estudie el proyecto en público debate y que el pueblo sea llamado a pronunciarse, libre e informadamente, sobre las principales alternativas que surjan de ese estudio”, dijo entonces junto a ellos.

J.F.S.

Fuentes:
asambleaconstituyentechile.cl
radio.uchile.cl

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Una larga vida por la Asamblea Constituyente

7.4.14

Bachelet no ha descartado la Asamblea Constituyente

El diputado y presidente del Partido Comunista –integrante de la coalición oficialista-, Guillermo Teillier, afirmó que la Presidenta Michelle Bachelet no ha descartado la Asamblea Constituyente como mecanismo para elaborar la nueva Constitución que promete su programa de gobierno, y que así lo ha reiterado a los dirigentes de la “Nueva Mayoría”. 

“La Presidenta no puede decir todavía que va a emprender una Asamblea Constituyente, pero reiteró que no quiere una Constitución aprobada por una elite”, declaró en una entrevista al diario La Tercera. 

La declaración provocó reparos al interior del propio pacto de gobierno. El senador y presidente de la Democracia Cristiana, Ignacio Walker, rechazó las vocerías presidenciales informales, en tanto el diputado y presidente del Partido Socialista, Osvaldo Andrade, sostuvo que no es tiempo de adelantar el tema constitucional. Walker, sin embargo, manifestó en 2012 que la Asamblea Constituyente era una opción válida ante la falta de acuerdo con la derecha sobre reformas de fondo a la Constitución de Pïnochet, en tanto Andrade apoyó directamente la AC, correspondiendo a un acuerdo oficial de su partido de 2011. 

El ala conservadora del actual oficialismo espera que la Presidenta envíe un proyecto de ley para que sea el Parlamento el que debata y defina el tema, pese a que el carácter binominal de éste –creado en dictadura- no representa la diversidad de opiniones y tendencias de la ciudadanía chilena.

J.F.S.

Diversas fuentes

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Bachelet no ha descartado la Asamblea Constituyente

2.3.14

El compromiso más importante de la nueva Presidenta

Michelle Bachelet no tiene excusas democráticas para no cumplir su programa de gobierno, especialmente su principal propuesta: una Constitución elaborada “por el pueblo en su conjunto”.

Ni la educación como un derecho y gratuita para todos, ni una reforma tributaria que obtenga más de los ricos para distribuirlo entre los pobres, ni mayor igualdad y oportunidades para los chilenos constituyen la promesa más importante de Michelle Bachelet. Su mayor responsabilidad consiste en gobernar esta vez respetando y cumpliendo el precepto básico de la democracia y que ella reconoce ahora explícitamente: la soberanía popular. 

La nueva Presidenta de Chile, que asume un segundo período este 11 de marzo, precisa en su programa de gobierno 2014-2018 que, en materia de nueva Constitución –la más influyente y trascendente de todas- sólo está adelantando los pilares del plan de trabajo para la nueva institucionalidad que propone, por cuanto la definición de sus contenidos, puntualiza, “corresponderá al pueblo en su conjunto”:

En lo que respecta a los contenidos que debieran considerarse en la Nueva Constitución que Chile necesita y que chilenas y chilenos nos merecemos, y entendiendo que esa definición le corresponderá al Pueblo en su conjunto, quisiéramos, sin embargo, adelantar los que consideramos los pilares fundamentales sobre los cuales debiera edificarse la Nueva Constitución y que desde el Gobierno impulsaremos.

Sin embargo, su lacónico anuncio en cuanto a enviar al Congreso un proyecto de nueva Constitución durante el segundo semestre de este año ha aumentado la incertidumbre en lugar de despejarla. Si, como candidata, hizo saber al país que el procedimiento sería “democrático, institucional y participativo”, ¿cree ella que bastará un procedimiento formal, por los conductos de la misma Constitución de Pinochet, o que será indispensable un acuerdo superior, que permita soltarse de esos amarres y enfilar hacia la verdadera democracia? 

En este último caso, ¿qué garantías podría dar una gobernante en la que confían no sólo sus votantes, sino también los grandes inversionistas multinacionales, y un Parlamento cuestionado por su mecanismo de generación, representatividad real y falta de unanimidad respecto de la soberanía popular? ¿Estarán dispuestos a seguir pasando por sobre una ciudadanía sólo porque ésta no les ha presionado por una Asamblea Constituyente en el grado y el volumen que a ellos inquietaría? 

Sin excusas 

Más allá de la cantidad de votos marcados con “AC”, por Asamblea Constituyente, en las recientes elecciones –muchos de ellos por Bachelet- y del viejo pacto de “gobernabilidad” entre los políticos que se opone a la idea, la nueva Presidenta debiera decidirse por el sencillo sentido común democrático expresado en su programa y hacer posible el libre ejercicio de la soberanía del pueblo, reunido para darse su propia Carta Fundamental por primera vez en su historia. ¿Es eso un peligro en Chile? 

El verdadero obstáculo radica en dos hechos mancomunados: muchos ciudadanos prefieren protestar en las calles por sus problemas sectoriales en lugar de tratar de cambiar con su voto el sistema político que los genera y muchos políticos declaran su adhesión a una Asamblea Constituyente sin intentar llevarla a la práctica. 

Pero Bachelet no tiene excusas. Necesita claridad, altura de miras, sagacidad, experiencia, decisión, cultura y, lo más importante, una contundente mayoría electoral. Y, por lo visto, ya las tiene.

Julio Frank S.

Foto: Michelle Bachelet, programa de gobierno 2014-2018, michellebachelet.cl

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El compromiso más importante de la nueva Presidenta

2.2.14

Ministros, senadores y diputados de Bachelet por la Asamblea Constituyente

Al menos cinco ministros designados por la Presidenta electa Michelle Bachelet han expresado públicamente su apoyo a una Asamblea Constituyente –no al Parlamento binominal- como mecanismo para elaborar una nueva Constitución Política para Chile, la propuesta más importante del programa de gobierno 2014-2018 del pacto “Nueva Mayoría”. 

A ellos se suman al menos otros tantos senadores y trece diputados electos, entre éstos, ex dirigentes universitarios que encabezaron las manifestaciones estudiantiles en 2011. 

El Ministerio Secretaría General de la Presidencia, clave en la gestión y tramitación de los proyectos de ley, será dirigido por la actual senadora democratacristiana Ximena Rincón, en tanto José Antonio Gómez (PRSD) encabezará Justicia; Claudia Pascual (PC), el Servicio Nacional de la Mujer (Sernam); Víctor Osorio (Izquierda Ciudadana), Bienes Nacionales, y Claudia Barattini, Cultura. 

Entre los senadores, electos o en ejercicio, se encuentran Guido Girardi (PPD), Alejandro Navarro (MAS), Alfonso de Urresti, Carlos Montes e Isabel Allende (PS). Los dos primeros, más Jaime Quintana (PPD), Fulvio Rossi (PS) y el mencionado José Antonio Gómez presentaron en septiembre de 2012 un proyecto de ley de reforma constitucional que establece una cuarta urna para que la ciudadanía se pronuncie sobre una Asamblea Constituyente. 

Entre los diputados adherentes destacan Camila Vallejo, Karol Cariola (PC), Giorgio Jackson (independiente Revolución Democrática) y Gabriel Boric (independiente Izquierda Autónoma), además de Iván Fuentes (independiente “Nueva Mayoría”), ex dirigente de los pobladores ayseninos. 

Cabe agregar que el próximo presidente de la Cámara de Diputados, Aldo Cornejo (DC), patrocinó un proyecto de reforma constitucional sobre Asamblea Constituyente en 2011 –en plena manifestación estudiantil-, junto al mencionado Alfonso De Urresti, Osvaldo Andrade, Marcelo Schilling (PS), Pepe Auth (PPD), Guillermo Teillier (PC), Alejandra Sepúlveda (ex PRI), Marcos Espinosa (PRSD) y Sergio Aguiló (IC), todos reelegidos en noviembre pasado.

J.F.S.

Diversas fuentes

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Ministros, senadores y diputados de Bachelet por la Asamblea Constituyente

9.1.14

Senado sugiere presentar nuevo proyecto de Cuarta Urna

Los senadores que proponen una urna especial para un plebiscito que permita a la ciudadanía pronunciarse sobre si desea o no una Asamblea Constituyente deberán presentar un nuevo proyecto, ya que la Comisión de Constitución, Legislación y Justicia de la Cámara Alta no trató el original antes de las elecciones de noviembre pasado y sólo lo hizo el reciente lunes 6. Sus cinco integrantes –dos de ellos democratacristianos- son contrarios a la idea.

El senador de la UDI Hernán Larraín, miembro de dicha comisión, explicó que “como ya perdió su objetivo, pensamos que no era el proyecto adecuado a discutir; sin embargo, entendemos la intención de los senadores que lo han impulsado, en orden a tener una instancia en que se pueda debatir una nueva Constitución y lo que hemos planteado, para seguir discutiendo y aprovechando esta instancia, es que los autores puedan presentar, a través de una indicación sustitutiva, el proyecto que ahora quisieran hacer y que recoja el espíritu del original”.

La iniciativa fue presentada en septiembre de 2012 y es patrocinada por los senadores del actual pacto “Nueva Mayoría” -de Michelle Bachelet- José Antonio Gómez (PRSD), Guido Girardi y Jaime Quintana (PPD), Fulvio Rossi (PS) y Alejandro Navarro (MAS).

J.F.S.

Fuente: senado.cl

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Senado sugiere presentar nuevo proyecto de Cuarta Urna

26.12.13

Marca Tu Voto reafirma compromiso por la AC y anuncia tareas para 2014

La iniciativa ciudadana Marca Tu Voto, junto con cerrar la campaña del año que termina, anunció que seguirá llamando a participar en la promoción de una Asamblea Constituyente (AC) en 2014. 

A través de un comunicado, informó que habrá una jornada de reflexión y deliberación ciudadanas en las diferentes regiones del país a partir de enero, reiterando que las decisiones relativas al proceso constituyente deben ser consultadas a la ciudadanía. Insistió en que su reciente llamado a marcar el sufragio con la sigla AC refleja la convicción que una nueva Constitución debe ser resultado una Asamblea Constituyente, pues es este procedimiento, agregó, el que asegura el ejercicio pleno de la soberanía popular. 

Este es el comunicado: 

“La ciudadanía envió el día 15 de diciembre una clara señal política en favor de la Asamblea Constituyente como método participativo para obtener una nueva Constitución; este es el principal logro de la Campaña Marca Tu Voto; cerca de un 10% de los votantes se expresó en la última elección presidencial marcando la papeleta con las letras AC. 

Con este resultado dimos por culminada la campaña Marca Tu Voto. Junto con su cierre, la iniciativa abre un proceso de evaluación con sus participantes, voluntarios y adherentes sobre la forma en que se plasmará la demanda por Asamblea Constituyente en el período que se inicia del 15 de diciembre en adelante. Para esto ha programado encuentros de deliberación ciudadana, que se llevarán a efecto en diversas regiones del país durante el mes de enero y cuya convocatoria se realizará a inicio de mes. 

La iniciativa ciudadana que llamó a marcar el voto AC posibilitó una contundente expresión popular acerca del mecanismo para cambiar la Constitución y seguirá participando en el debate en curso, una vez culminado el proceso de evaluación y reflexión que permita la unidad de criterios para realizar nuevas y eficaces acciones políticas en favor de una Asamblea Constituyente. 

La Iniciativa Marca Tu Voto consiguió conformar una poderosa red ciudadana de nivel nacional, que actuó como portavoz de la campaña en sus distintos niveles nacional, regional y comunal, realizó las labores de articulación con diversos actores políticos y sociales, se organizó en todo Chile para desarrollar un sistema de contabilización de marcas, ejerciendo así una potente función de pedagogía cívica que logró poner en la discusión pública un tema gravitante para el país, como es el de construir entre todos el marco legal que nos rija por las próximas décadas. Este potencial construido sobre la transversalidad y diálogo con actores diversos del mundo cultural, político y social podrá ampliarse y tener un papel preponderante en la medida que seamos capaces de sostener una acción conjunta basada en un pulso común sobre el nuevo escenario político y los actuales derroteros para abrir paso a una Asamblea Constituyente.

Las formas de acción política, organización y comunicación pública correspondiente a este nuevo período serán deliberadas de manera conjunta sobre preceptos comunes alcanzados en la primera etapa. Uno de ellos es que las decisiones relativas al proceso constituyente sean consultadas a la ciudadanía y no sólo al Congreso Nacional. Llamamos a marcar el sufragio con las siglas AC bajo la convicción que la creación de una nueva Constitución debe ser resultado una Asamblea Constituyente y que es este procedimiento el que asegura el ejercicio pleno de la soberanía popular. 

Una vez realizada la evaluación en el mes de enero, esta iniciativa ciudadana seguirá llamando a participar e informará sobre las futuras estrategias de comunicación pública, la definición de ejes de acción y articulaciones sociales, culturales y políticas para el período que se abre”.

J.F.S.

Fuente: marcatuvoto.cl

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Marca Tu Voto reafirma compromiso por la AC y anuncia tareas para 2014

17.12.13

Carta pública a Bachelet: “Queremos Asamblea Constituyente”

El movimiento ciudadano Marca Tu Voto, después de informar sobre el aumento al diez por ciento de los sufragios marcados con AC en la segunda vuelta presidencial, inició una campaña destinada a que un millón de chilenos pidan a la actual Presidenta electa, Michelle Bachelet, que la nueva Constitución Política que está proponiendo sea elaborada por una Asamblea Constituyente.

Esta es la carta a Bachelet:

“Chile necesita una nueva Constitución construida por y para todos los ciudadanos, y eso se llama Asamblea Constituyente.

Necesitamos escribirla CON democracia y no sólo EN democracia. En la última elección miles de personas han marcado sus votos con AC para dar una señal política fuerte, y cada día son más los que se suman en todos los rincones de Chile.

Necesitamos recuperar nuestros recursos naturales, proteger nuestros ríos, nuestros peces, nuestra salud, una educación de verdad para todos y ampliar nuestra democracia.

Queremos una Asamblea Constituyente inclusiva y transversal, en donde todos puedan tener derecho a voz y voto.

Es un hecho que Chile necesita una nueva Constitución y la forma de redactarla es una Asamblea Constituyente.

Apelamos a usted, su coalición y a todos los sectores políticos para que esta petición se haga realidad en paz y democracia”.

La suscripción de la carta se realiza en esta página.

Fuente: marcatuvoto.cl

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Carta pública a Bachelet: “Queremos Asamblea Constituyente”

1.12.13

¿Llamará Bachelet a una Asamblea Constituyente?

 
La probable Presidenta de Chile por segundo período satisface a la mayoría electoral, alarma a sus opositores, deprime a sus rivales alternativos y el resto de la población la ignora. Lo indescifrable aún son sus reales intenciones. ¿Un paso hacia el socialismo, como teme la derecha, o hacia la socialdemocracia? Pero, ¿y su admirado desempeño en el modelo neoliberal y su compromiso con quienes lo sustentan?

El Mercurio reconoció que las grandes empresas nacionales y transnacionales “desnivelaron sus aportes a favor de Bachelet al extremo de sofocar materialmente la candidatura de Matthei”.

Michelle Bachelet se aproxima a una nueva Presidencia inédita en la historia política chilena. Si la anterior fue la primera vez que una mujer ejerció el máximo cargo del país, ahora lo ha superado. Junto con terminar ese mandato con alta aprobación ciudadana pese a que su ejercicio no fue propiamente popular, mantuvo esos niveles y opacó a su sucesor y opositor, Sebastián Piñera, durante todo el siguiente período sin estar presente. De regreso al territorio, ha planteado reformas de fondo a la institucionalidad pinochetista sin que se observe presiones previas al respecto y no sólo atrajo a su comando al mismísimo Partido Comunista, sino que además, en el polo opuesto, no alteró la tranquilidad y hasta el entusiasmo que algunos grandes empresarios suelen manifestarle.

En las elecciones presidenciales primarias apabulló a sus contendores –incluyendo a los opositores-, lo mismo que en los comicios del pasado 17 de noviembre, cuando derrotó a otros ocho aspirantes a La Moneda y estuvo cerca de la mayoría absoluta (se estima que en la segunda vuelta, el 15 de diciembre, habrá una elevada abstención, generada en buena parte por los más de 20 puntos porcentuales que la separan de la aproblemada Evelyn Matthei). Como si fuera poco, su llamado a “Un Parlamento para Bachelet” superó las expectativas y es así que tendrá una considerable mayoría en ambas cámaras, aunque no los quórum más exorbitantes establecidos por la Constitución de Pinochet.

Todo eso, enmarcado en un programa de gobierno que culmina precisamente con una nueva Carta Magna y una declaración capital: la definición de su contenido corresponderá “al pueblo en su conjunto”.

Sonrisa de mano firme

Su comportamiento político público, sin embargo, no ha sido equivalente. Como gobernante, se le agradece más bien ciertas medidas de “protección social”, como ella las llama –bonos y auxilios por el estilo- y una reforma previsional que otorgó ayuda estatal a los pensionados de menores ingresos… y a las empresas privadas administradoras de esos fondos. No tocó las bases de la arbitraria institucionalidad vigente, al punto que en 2007 alineó a sus parlamentarios díscolos para aprobar un acuerdo con la oposición de derecha, desbaratando así el movimiento estudiantil contrario a la ley educacional proveniente de la dictadura.

Una vez transmitida la Presidencia, y mientras ejercía como directora adjunta para la mujer de las Naciones Unidas, no dejó de sorprender que las encuestas políticas le siguieran manteniendo en el primer lugar de aprobación pese a estar a miles de kilómetros de distancia.

A Chile regresó en 2013 como nueva candidata y con un discurso acentuadamente reformista –nueva Constitución, mayores impuestos a los ricos y educación pública gratuita universalmente, en lo principal-, propuestas que flotaban en el ambiente durante varios años, pero que nadie se las exigió directamente como requisito para darle su voto. No obstante, en el momento de difundirlas y fundamentarlas, ha eludido los debates y confrontaciones públicas cuanto más ha podido y respondió con silencio cuando sus oponentes de la izquierda –a quienes derrotaría estrepitosamente- le enrostraron su preferencia por el modelo neoliberal y los inversionistas privados y extranjeros.

En cuanto a su mayor promesa, la nueva Carta Fundamental, ha evitado mencionar siquiera el término “Asamblea Constituyente”, salvo para aclarar que “nunca dijo” que era partidaria de ésta. Pidió, en cambio, una mayoría parlamentaria para afrontar “Institucionalmente” el tema, pese a que muchos de sus candidatos eran los mismos que poco o nada habían hecho al respecto durante diez o veinte años. Por último, ha observado con enigmática condescendencia cómo partidarios suyos encabezan -a título personal- una campaña por la Asamblea Constituyente sin recursos suficientes, con una organización limitada y al filo de la ley electoral, como es el marcado del voto.

Confianza a los socios

¿Hay o no un cambio en Bachelet después de cuatro años de ausencia de la política chilena y de experiencia en el campo internacional? Un itinerario poco conocido, debido a la eficaz censura “selectiva” de los duopólicos medios locales, puede orientar en este aspecto. Cuando mantenía una alta aprobación como Presidenta y la Concertación, paradojalmente, se acercaba a su primera derrota presidencial en 2009, fue premiada por una influyente organización de empresas transnacionales norteamericanas, la American Society/Council of the Americas, oportunidad en la cual hubo un efusivo intercambio de elogios (“Estados Unidos sigue siendo el principal socio de Chile… Les invito a estrechar aún más esta relación”, expresó entonces Bachelet, y aludió especialmente al Presidente Obama). Una vez terminado su mandato, no extrañó que fuera designada en un alto puesto mundial, como la secretaría adjunta para la mujer de la ONU.

A su regreso, su discurso de cambios radicales alarmó a la derecha política –la historiadora Lucía Santa Cruz advirtió sobre “un paso hacia el socialismo”-, pero no a los grandes empresarios, financistas y estudiosos del mercado, algunos de los cuales llegaron incluso a darle su apoyo electoral públicamente. El próspero, polémico e influyente diario El Mercurio, con históricos vínculos con Estados Unidos y sus grandes consorcios, se encargó de confirmar este fenómeno: durante la campaña electoral, las empresas nacionales y transnacionales “desnivelaron sus aportes a favor de Bachelet al extremo de sofocar materialmente la candidatura de Matthei”, publicó en su página editorial el reciente domingo 24 de noviembre.

¿Cuál Bachelet prevalecerá finalmente? ¿La contraria a la desigualdad social y que reconoce el derecho del pueblo a definir su Constitución o la comprometida con pudientes socios concentrados en sus intereses supranacionales? ¿La sufrida víctima de una dictadura o la exitosa administradora de un sistema pro mercado? ¿Conducirá un auténtico proceso constituyente o promoverá un negociable acuerdo parlamentario?

Por ahora, y mientras sus partidarios discrepan sobre la soberanía popular y la mayoría de la población opta por dilemas más mundanos, la candidata y ex mandataria recorre el país sin euforia y a bordo de su “Bachemóvil”, vehículo de inspiración, como otros aspectos de su campaña, norteamericana.

Julio Frank S.

Imágenes:
Michelle Bachelet, programa de gobierno 2014-2018, michellebachelet.cl
William Rhodes (Americas Society) y Presidenta Michelle Bachelet, Nueva York, 2009, as-coa.org

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¿Llamará Bachelet a una Asamblea Constituyente?